Hemeroteca :: 06/06/2004
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TOROS

El toreo al natural en su máxima expresión de El Cid fue oscurecido por los aceros

Última actualización 06/06/2004@00:00:00 GMT+1
Ficha del festejo

Ganadería: oros de Victorino Martín, bien presentados, la mayoría encastados y de juego desigual. Los mejores segundo tercero.

Luis Francisco Esplá: estocada corta (palmas); y pinchazo y estocada (pitos).

Manuel Jesús "El Cid": tres pinchazos y descabello (vuelta tras un aviso); y estocada (una oreja con petición de la segunda).

Fernando Robleño: estocada (una oreja tras un aviso); y tres pinchazos, media estocada y dos descabellos (palmas tras un aviso).

Lleno de "no hay billetes" en tarde de calor.
No fue lo que se esperaba, pero tampoco decepcionó. La corrida de Victorino Martín resultó distinta, variada, pisando los dos extremos, desde el espectacularmente encastado al muy manso y aborregado. Los "victorinos" brillaron también entre otras razones por la preocupación constante de los toreros en lucirlos.

Esplá los puso de largo en el caballo y sus picadores estuvieron muy atentos a esperarlos, a tirarles el palo y "torear" en la suerte. No hubo siempre buena respuesta de parte de los toros, que llegaron a escarbar. Pero la gente se lo pasó muy bien solo con las intenciones. Aurelio García y Anderson Murillo, los dos del castoreño, muy bien.

Y en la muleta, la extraordinaria disposición y acierto tanto del "Cid" como de Robleño, el primero de los cuales hizo una de las faenas que va a contar mucho entre los jurados para nominarse a la mejor del ciclo, mientras que el segundo, valiente como acostumbra, exprimió al máximo también las alegres embestidas de sus toros.

Esplá, con el lote más complicado, anduvo resuelto, aunque al final, por no andarse con pamplinas en el difícil cuarto, la gente se molestó con él. En los dos banderilleó fácil y vistoso, y aunque en ninguno pudo armar faena, con la muleta estuvo muy apropiado.

El que abrió plaza se movía por el pitón izquierdo, pero con un molesto cabeceo. Por el derecho, ni uno. Y en el colmo del descastamiento, cuando apenas se le había molestado en cuatro pases, el toro se tumbó por su cuenta. El cuarto rebañaba por los dos pitones. Un desarme en las probaturas fue decisivo para que Esplá cortara por lo sano. Ahí se enfadó el personal.

Lo del "Cid" no tiene nombre. Una vez más, en la plaza más importante del mundo y en el momento que pudo ser clave para su carrera, se ha cerrado él solo la puerta de la gloria. Porque "El Cid" toreó al natural como pocos sueñan, y no se diga pueden. El trazo firme, limpio y sentido, en series cada vez más largas, más estrechas y hondas.

Perfectamente colocado, ni paso adelante ni atrás, en lo que ocupa medio ladrillo se sucedieron cuatro, cinco y hasta seis muletazos magníficamente hilvanados, conforme la plaza crujía y crujía en olés de contento. Y en el epílogo, lo mismo pero en versión corregida y aumentada con cites de frente y una soberbia compostura. No se puede torear con más gusto y verdad.

Ambiente de lujo, como pocas veces en la plaza. Toro y torero siempre en los medios para que la apoteosis fuera todavía mayor. Pero, qué pena, como es costumbre en él lo tiró todo por la borda. Un pinchazo, otro y hasta tres, necesitando todavía de un golpe de verduguillo. Sonó un aviso y dio una vuelta al ruedo pero sin las orejas en la mano como hubiera sido lo justo.

El triunfó le llegó por fin en el quinto. Un "victorino" muy cambiante, que se fue "enterando" más de la cuenta a principio de faena, pero al que poco a poco "El Cid" terminó metiendo en la canasta, lo que no quiere decir que en ocasiones se frenara y desde luego no siempre humilló lo suficiente. Valiente o más, valentísimo "El Cid", al aguantar miradas y tornillazos.

La embestida poco franca. Ese fue el mérito de la faena: tragar lo que no hay en los escritos y encima hacerlo bonito, porque algún muletazo por el pitón izquierdo fue sencillamente colosal. Esta vez metió la espada a la primera y la plaza se volcó en la petición. Una oreja y muchos, muchísimos pañuelos para la segunda.

Fernando Robleño, nombre importante también en la tarde, fue una vez más de valiente y de torero capaz. En su primero remontó la angustia de haber salido por los aires en una tremenda voltereta al abrir faena, en el suelo, en una lucha desesperada con los pitones que le buscaban tirando cornadas a diestro y siniestro. Milagrosamente se salvó.

Y a partir de ahí empezó a mandar la raza del torero, que le ganó la partida al toro a base de firmeza, enganchándole por delante y llevándole muy toreado. Series limpias, sentidas y con la oportuna ligazón, sobre todo por el lado derecho. Un desarme al buscarle la igualada fue superado con creces en la estocada, de efecto letal. La muerte espectacular del astado fue decisiva para la oreja que paseó.

En el último salió dispuesto Robleño a redondear, mas el toro no se dejó. Humillaba aparentemente el de Victorino, aunque siempre sabiendo lo que se dejaba atrás. Robleño lo intentó por los dos pitones, sin conseguir armar faena.


Juan M. Núñez (Efe) / Madrid
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