TOROS
Sólo destacaron el valor de Fernando Robleño y la confirmación en el mismo sentido del francés Sebastián Castella
Última actualización 03/06/2004@00:00:00 GMT+1
Ficha del festejo
Ganadería: Toros de Samuel Flores, el cuarto con el hierro de su madre, Agustina López, desiguales de presencia, grandes y cornalones, y en general muy deslucidos. Corrida difícil salvo el tercero, aunque éste, siendo bueno, no tuvo fuerza, y en consecuencia tampoco sirvió.
Manuel Caballero: Media tendida, baja y atravesada (silencio); y estocada (silencio).
Fernando Robleño: Media y dos descabellos (ovación tras un aviso); y casi media y estocada corta (palmas tras un aviso).
Sebastián Castella: Estocada (palmas); y pinchazo y estocada (ovación tras un aviso).
Lleno de ‘no hay billetes’ en tarde de calor.
Una corrida despareja en tipo y comportamiento. Ninguno se parecía a otro. Aunque todos con un denominador común: la imposibilidad de hacer el toreo con ellos. Porque ni siquiera el tercero, que apuntó calidad en los dos primeros tercios, ‘sirvió’ luego para la muleta, pues fue tambaleante, yendo al suelo a las primeras de cambio.
No servía el primer toro de Caballero, tirando gañafones a diestro y siniestro. Aunque tampoco el torero quiso comprometerse atravesando la línea del riesgo y la responsabilidad. Toro más que molesto, difícil. Y torero, conservador. El cuarto fue un mulo, que embestía soso y al paso, rematando los cortos viajes con la cara arriba. Caballero estuvo aparente, pero en definitiva sin hacer nada.
Robleño no tuvo más opción que ir de valiente en su primero, un toro con mucho peligro, que se hizo todavía más fuerte en la querencia arrimado a tablas. No había forma humana de pegarle un pase por el lado derecho, y por el izquierdo algo parecido, aunque a fuerza de sortear gañafones, ‘el samuel’ se tragó algún que otro pase muy espaciado. Una prenda de toro, que al final, cuando había que prepararle para la muerte, se puso andarín, complicándole todavía más las cosas a Robleño.
El quinto fue posiblemente el menos malo, sin llegar a tener una embestida franca del todo, sin ‘transmitir’ lo suficiente, se movió mucho. Pero unas veces venía cruzado, la mayoría remataba con la cara arriba, y en general no humilló. Robleño se empleó a fondo con él, pero sin resolver nada.
El primero de Castella hubiera sido toro de triunfo si no le fallan las fuerzas. Tres lances en el saludo, muy buenos por parte del torero, dejaron ver también la calidad del toro. Mas enseguida se pudo comprobar que el animal no iba a dar mucho de si.
Tambaleante, no admitía la más mínima regañina, es decir, Castella, sin bajarle la mano para mantenerlo en pie, no pudo entrar en profundidades. El hombre anduvo correcto, en torero, pero sin salirse de las pautas que marcaba el toro, que obviamente terminaron siendo malas.
El sexto, toro muy violento, medía constantemente los movimientos del hombre. No bajaba la guardia el animal, que a lo sumo se tragaba un primer muletazo, descolocándose el segundo muletazo en busca del hombre. Pero Castella planteó las cosas desde el punto de vista del valor, y a partir de ahí desarrolló también una extraordinaria capacidad torera.
Antes de montarse definitivamente en el toro por la vía del ‘arrimón’ llegó una tremenda voltereta. Aunque siguió sin importarle las miradas y medias embestidas, los hachazos. Fue faena larga y emotiva a la que le faltó la rúbrica de la espada, pues de haber matado a la primera hubiera merecido mayor reconocimiento que el de la ovación final.
Castella, operado
El torero francés Sebastián Castella entró en la enfermería de la plaza de Las Ventas tras finalizar el festejo donde fue operado de un puntazo o cornada en la axila derecha producida por la impresionante cogida sufrida durante la faena del sexto toro.
El matador francés ya había iniciado el viaje de regreso hacia el hotel pero su cuadrilla vio la herida y regresaron rápidamente a la enfermería de la plaza.
Efe / Madrid