OPINIÓN
Última actualización 07/02/2010@23:23:23 GMT+1
El debate sobre el aborto puede prolongarse durante mucho tiempo, especialmente si caemos en tópicos, como el que incurría la columnista Lucía Petisco, al señalar que es un “avance social”. Las realidades pueden denominarse de diferentes maneras y conforme a ellas se configurará el valor que se le quiera asignar. En el caso del aborto, denominarlo un avance social me parece cuando menos pretencioso. ¿Qué avance supone terminar con la vida del más débil, del que ni siquiera puede hablar o protestar?
Me parece que los verdaderos avances sociales son los que sirven para defender a los débiles, a los oprimidos, a los que no tienen voz, a los que son considerados como estorbos o problemas.
En el caso del aborto, que no es una interrupción porque lo que se interrumpe vuelve a ponerse en marcha, es también el camino más fácil para solucionar problemas que son bien difíciles y complicados, por lo que toda la sociedad debería trabajar unida en la solución del problema. Por otra parte, Petisco trata de vincular pro vida con catolicismo. Cierto es que la doctrina cristiana defiende la vida del nasciturus, pero no es algo exclusivo. Por eso se entiende que muchos profesores de la Facultad de Medicina de la Usal, siguiendo la tradición del juramento hipocrático, quieran reclamar una objeción de conciencia.