OPINIÓN
Última actualización 07/02/2010@23:24:54 GMT+1
Los recuerdos hermosos nunca pesan./ Son como lagrimones de añoranza, que, /mansamente sobrios/ disipan la amargura./ Y la nostalgia”. Lo escribió el poeta de Escurial de la Sierra, Félix Grande, que se agarraba a muchos de sus recuerdos y luego los compartía en forma de versos que ahí nos deja para quien quiera rescatarlos del olvido. Acaba de marcharse, tenía 85 años, y con su adiós vuelvo a reparar en este hombre, de apariencia menuda y espíritu inmenso que encontraba en la poesía la mejor compañera de viaje para una vida larga y no poco atormentada.
Al enterarme de su muerte me vuelvo a preguntar por él, por la soledad de sus últimos años y por esa obra que nunca abandonó del todo el ámbito de lo íntimo en que fue creada. Adiós al autor de Borrasca Azul o La Tarde Aprisionada, al escritor de tantos y tantos libros que brotaban por puro empeño.
Hoy le recuerdo, por sus versos brillantes o por otros que sin serlo quedan como su particular canto poético a la naturaleza que nos envuelve. Su despedida prácticamente coincide con el saludo a Los mundos de Gonzalo Torrente Ballester, la exposición que mañana se inaugura en el Patio de Escuelas Menores y que antes de girar por otros espacios se estrena en la Universidad de Salamanca.
Universidad que recogió muchas de sus reflexiones como conferenciante, la que le nombró doctor honoris causa, la que presumía de tener siempre a mano y a disposición a uno de los escritores más grandes del siglo XX. Y son sólo unos cuantos de los muchos motivos que hay para que en nuestra ciudad arranque esta muestra que se incluye dentro de los actos programados con motivo de su centenario.
Detrás de esta exposición que promete está Carmen Becerra, que dirige la Fundación del escritor gallego, que es quien más le ha estudiado, quien mejor le conoce y más sabe de este querido autor que no deja de sorprendernos. Esta profesora de Literatura, también gallega, escribió en 1990 Guardo la voz, cedo la palabra: Conversaciones con Gonzalo Torrente Ballester.
Pero ha escrito otros libros, biografías, artículos, páginas y páginas sobre el escritor, el guionista cinematográfico, el profesor, el fotógrafo. Todos esos mundos que ahora se desempolvan para redescubrir al autor de D. Juan o La Saga Fuga de J.B. Comienzan los actos para conmemorar su centenario y reparar en el rico legado de este salmantino de adopción que moría aquel 27 de enero de 1999, que fue brillante en la literatura pero también único en otras facetas más desconocidas y artísticas como la de fotógrafo.
Podremos contemplar las primeras ediciones de todas sus obras y también manuscritos, y objetos personales. La muestra nos deja beber en sus teteras, apoyarnos en sus bastones o mirar a través de esas gafas que nos acercan a Torrente Ballester. Al alcance de la mano está su mundo imaginario, sus recuerdos de conversador fascinante, de escritor desinteresado y generoso.
Para cuántas presentaciones de libros fue requerido, en cuántos jurados tomó parte y cómo parecía disfrutar cuando estaba en contacto con el público universitario. Salamanca se benefició de su presencia durante casi 25 años, la última etapa de su vida, en la que ejerció de catedrático de Literatura en el Instituto Torres Villarroel y luego de escritor de éxito, prestigio y de rutinas.
Este 2010 es un año de recuerdos. Se publican nuevos libros como el que dentro de unos días presenta el profesor de la Usal José Antonio Pérez Bowie sobre la poética teatral de Torrente, él también dirige las charlas y mesas redondas que se sucederán este mes en la Facultad de Filología. El Día del Libro será otra vez de D. Gonzalo, y la Feria Municipal y la Biblioteca que lleva su nombre nos recibirá con una escultura que ahora ultima el artista madrileño Salvador Amaya.
Volveremos a escuchar su voz, recogida para ese documental que acompañará al catálogo de la exposición, y nos parecerá que su figura sigue formando parte del paisaje de esta ciudad.