SALAMANCA
Las torres de la universidad pontificia
TRIBUNA sube un poco más que nadie, hasta los campanarios del edificio histórico, con una vista que alcanza casi los 360 grados
Última actualización 07/11/2009@21:59:53 GMT+1
Texto: Luis Cadenas
Fotos: Carlos Perelétegui
Son casi 360 grados de perspectiva, única, extraña, asombrosa por la novedad, pero sobre todo infinita porque el horizonte se hace largo y extenso, más allá de los límites del municipio. Desde las torres de la Clerecía, en lo más alto, junto a las campanas, se aprecia perfectamente por qué dicen que en Castilla y León el cielo se hace aplastante y diáfano, como la tierra. Si el proyecto de hacer visitables las torres para los turistas en 2010 sale adelante con fuerza, la gran exposición Ieronimus de las catedrales tendrá una prolongación que dejará a más de uno sin resuello.
Pero TRIBUNA ha ido un poco más: hemos conseguido subir incluso a esa altura de campanero, por encima de donde se supone terminará la visita. Son cinco metros más de altura que descubren un campanario repleto de pintadas que abarcan años y generaciones atrás. Todas las fotografías que ve usted fueron tomadas desde las zonas que se habilitarán para la visita, pero también desde esos campanarios: la ocasión no podía ser desaprovechada. La Universidad Pontificia exhibe aquí todo el poderío constructivo de un complejo monumental único en España que con siete meses de trabajos de acondicionamiento y restauración, concretados con un presupuesto de 755.714 euros, abrirán a los ojos del mundo la Clerecía, el coro de la misma, el ascenso por el interior de las torres y los tejados. Una vista panorámica tremenda.
De los patios a las alturas
Según el Ayuntamiento de Salamanca, el proyecto detalla que el recorrido comenzará en el Patio de los Estudios y se subirá por la Escalera de Honor hasta un tránsito superior, desde donde, siempre que el calendario académico lo permita, se podrá ver, a través de las puertas encasetonadas con vidrio, la antigua Biblioteca de los Estudios, que cuenta, aunque modificadas, con las estanterías barrocas originales.
Tras recorrer el último tramo de la escalera se accederá al coro y a los balcones situados en el interior del edificio: una vista magnífica de cara al retablo e interior de la iglesia. El acceso a los niveles superiores de la torre se realizará mediante una escalera original de madera, restaurada, y se podrá entrar a una galería que se dispondrá sobre la bóveda, de manera que se pueda contemplar la belleza del espacio interior. En el nivel de balcones, que estarán abiertos y fijados a la fábrica, se podrá contemplar las vistas y la dimensión del espacio superior de la torre. Mediante una escalera de caracol se llegará a una galería superior en el nivel de las campanas, desde la que se podrá contemplar una privilegiada vista del exterior e interior de la torre.
El resultado es una panorámica que para el visitante se reducirá en un golpe de vista, en un apretar de dientes para los que sufran de vértigo, pero en una hermosura inmensa. Y visto el éxito de Ieronimus es más que probable que, o compitan, o se complementen. Eso sí, estará usted a más altura que en las terrazas de la Catedral Nueva.
El trabajo para poder abrir este espacio será parecido al que se llevó a cabo con la Catedral, si bien el estado de conservación actual es mucho mayor. Los pájaros convirtieron los campanarios en su territorio y, al ascender por las largas escaleras, más de una paloma defendió su reino con ganas.
Para poder abrir este espacio las instituciones implicadas en este proyecto deberán rehabilitar las dos torres (norte y sur) íntegramente. Ese desafío incluye la eliminación de la tabla del forjado para facilitar la percepción visual de la cúpula y cupulín de las torres; demolición del forjado metálico y sustitución por una galería perimetral de madera, recuperando niveles de originales; sustitución de las inadecuadas puertas metálicas en el nivel de balcones por otras de madera de pino con casetones para pintar, semejantes a las del Patio Barroco; y restauración de elementos de forja y reposición de elementos desmontados.
Pero el ansia del visitante podría ir un poco más allá: si alguien se atreviera a trazar una pasarela hasta las cúpulas y permitieran rodearlas, literalmente estaría usted tocando el cielo de Salamanca.
Ya está preparado incluso el ritmo de visitas: grupos de 15 personas como máximo, por turnos escrupulosos porque el espacio arriba no es tan amplio como uno podría imaginar. Contarán con un guía y la Universidad Pontificia ha puesto un tope lógico: no se podrán realizar visitas mientras se desarrollen actos litúrgicos o religiosos en la Clerecía, a diferencia de Ieronimus, donde se ha podido incluso ver alguna misa desde lo alto de la Sala del Alcaide.
Si lo que ve aquí le gusta, imagíneselo ahora ante usted, decenas de metros sobre su ciudad.