MOTOR
Última actualización 31/10/2009@22:41:10 GMT+1
Muchas marcas de automóviles llevan el nombre de su creador. Algunos se hicieron muy ricos, como Henry Ford y otros perdieron su fortuna en el camino como David D. Buick. Pero irónicamente Chevrolet, la marca que mas automóviles vendió en el mundo durante décadas, lleva el nombre del que fuera su creador pero nunca su propietario ya que, habiendo poseído solo algunas pocas acciones, debía venderlas para subsistir, muriendo ignorado y en la indigencia.
Una estampa para evocar un pasado glorioso es, sin duda, la que protagoniza el Chevrolet cabriolet de 1957 tercera generación. En 1955 apareció la primera concepción y 1956 la segunda, ambas versiones diferentes, aunque de estilo muy parecido y de estética muy atractiva.
Los modelos Bel Air siempre tuvieron varias versiones, y el atractivo convertible modelo del año 1957 no podía ser menos, presentándose muy mejorado y colmado de encanto. Su imagen deportiva causó furor y el Chevrolet Bel Air sin darse cuenta comenzó a erigirse en un mito para mantenerse en la historia del automóvil. Potencia, amplitud, comodidad, estilo, agilidad y excelentes prestaciones eran las cualidades que se le atribuían en la época y hacían de este seductor modelo la sensación automotriz de la década.
El Chevy, (seudónimo comercial) del Chevrolet Bel Air Fuel Injected Convertible 1957, se presentó el primer año en el que Chevrolet ofreció la inyección de combustible en algunos de sus vehículos como opción.
En este modelo el motor obtenía 283 CV pero resultó ser demasiado temperamental para los clientes ‘no carreristas’, por este motivo y para dar cabida a más compradores enamorados de este modelo, se ofreció una versión de 250 CV.
Pero las cualidades que brillaban en el Chevy correspondían a la versión con motor V8 delantero longitudinal, con una Cilindrada de 4.638 cc. Alimentado por inyección de combustible con sistema Ramjet. Tracción trasera. Potencia de 283 CV. Transmisión, manual de 3 velocidades con sobremarcha overdrive. Frenos delanteros y traseros de tambor. Y velocidad máxima establecida en 193 km/h, acelerando de 0 a 96 km/hora en 8 segundos.
Con estas características, este legendario automóvil capturó la esencia de su época, y el Chevrolet Bel Air del 57 representó en el automóvil americano la cúspide de la década del 50, entrando con gloria en la del 60. Evidenciando que Estados Unido fabricaba los coches más espectaculares del planeta.