LA GLORIETA
DOLORES AGUIRRE. Mansada de toros en el noveno festejo de la Feria del Pilar, donde la terna se estrella frente a unos lotes imposibles. JOSELILLO. El torero vallisoletano cuaja varias tandas cargadas de mérito
Última actualización 16/10/2009@23:27:57 GMT+1
FICHA DE LA CORRIDA
PLAZA: La Misericordia, de Zaragoza. Noveno festejo de la Feria del Pilar. Un tercio de plaza.
GANADERÍA: Toros de Toros de Dolores Aguirre, desiguales de presentación. Descastados y deslucidos. De nulo juego en la muleta, donde sólo dio alguna opción más el que fue lidiado en tercer lugar.
FERNANDO ROBLEÑO: silencio tras un aviso y silencio.
SERRANITO: silencio en ambos.
JOSELILLO: saludos y silencio tras un aviso.
MARIO JUÁREZ
Dolores Aguirre lidió una auténtica mansada y moruchada en la plaza de toros de La Misericordia de Zaragoza. Una corrida pésima, sin opciones y muy deslucida con la que apenas tuvieron la más mínima oportunidad de lucimiento Fernando Robleño, Serranito y Joselillo, que sólo pudieron poner algo e voluntad con un encierro impropio para el toreo.
Dentro de una corrida infame, el único toro con un algo de posibilidades fue el tercero. Ese animal salió abanto y manseó en el tercio de varas, aunque cambió en la muleta y, al menos, resultó algo más manejable. Joselillo comenzó bien su trasteo, en una serie de mérito por el pitón derecho si bien la faena se fue diluyendo poco a poco, al igual que el toro.
El sexto de Dolores, tuvo más movilidad que sus hermanos pero nula clase. El de Valladolid lo intentó sobre las dos manos, derrochó ganas y se justificó.
Menos opciones tuvieron Fernando Robleño y Serranito. El primero de ellos se estrelló con un primero manso de solemnidad, reticente siempre a pasar y que se frenaba continuamente. Firme el torero, lo intentó antes de irse a por la espada.
Con el segundo ocurrió algo parecido. Otro toro inservible y manso al que robó dos series por el pitón derecho de mucho mérito. Nuevamente, supo medir los tiempos de la faena antes de irse a por la espada.
El lote de Serranito fue otro tanto de lo mismo. Un segundo peligroso, que se metía por los adentros y un quinto parado. Tan sólo pudo poner voluntad.