Hemeroteca :: 19/09/2009
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OPINIÓN

Y el Defensor del Menor avivó la llama de la Esteban

Última actualización 18/09/2009@22:11:34 GMT+1
Nuestros temores se han confirmado. Jesulín es un calzonazos, un pelele en manos de María José Campanario. Lo ha dicho Belén (¡arriba la Esteban!) en el programa presentado por Jorge Javier, en ese chiringuito playero en que ha convertido Tele 5 los platós de televisión. Aunque la familia del torero de Ubrique es larga y peculiar, el tema no daba para mucho más. Una vez relatados todos los detalles de cómo es la vida en Ambiciones y cuando ya pocos se acuerdan del fallido intento de la Campa de engañar a la Seguridad Social para que su madre cobrara una pensión por invalidez, la llama se iba apagando poco a poco. Hasta que ha llegado el Defensor del Menor y ha convertido a la madre de Andreíta en la primera estrella mediática del país. ¿A quién se le ocurre sugerir que la Esteban se está beneficiando económicamente de las idas y venidas de su hija? El mismo día en que estalló el escándalo, Belén fue recibida en Tele 5 como si de un jefe de Estado se tratara. El presentador le rindió pleitesía fuera del estudio –con las cámaras y micrófonos como testigos, por supuesto–, entró en el plató bajo una cerrada ovación del público y de sus compañeros y, una vez acabado el programa, los telespectadores también pudieron ver cómo abandonaba la casa, mientras contaba a Jorge Javier que, una vez soltado todo lo que llevaba dentro, ya se encontraba más tranquila.

Toda España respiró aliviada. Ella, que nunca ha sacado a Andrea en la portada de una revista –no como otros– y que sólo se dedica a trabajar para que a su niña no le falte de nada, es ahora objeto de investigación por parte de las instituciones que protegen a la infancia. Tienen razón quienes sostienen que el Defensor del Menor debe dedicar sus esfuerzos a los casos graves de desarraigo, a los miles y miles de niños que necesitan ayuda con urgencia y dejar a un lado el mundo de los famosos. Sin embargo, no por ello debemos olvidar que algunos protagonistas de la prensa rosa, una vez agotado su discurso, utilizan a sus hijos para mantenerse en candelero y asegurarse unos nada despreciables ingresos. Hay que exprimir la gallina de los huevos de oro y, a tenor de las audiencias y de la repercusión social de estos casos, aún queda cuerda para rato. La solución está en manos de las cadenas de televisión, de esos mismos directivos que en su día sacaron pecho ante la definitiva supresión de Aquí hay tomate y ahora, en otro ejercicio de fariseísmo, dan vía libre a espacios de similar o incluso peor calado. Eso sí, en cuanto surge el menor problema, son los primeros en rasgarse las vestiduras y hacer llamamientos en favor de la dignidad, la cordura y el sentido común. Todos los días se repite la táctica que empleaba Javier Sardá en Crónicas marcianas. Cuando el debate se desmadraba, los insultos se multiplicaban y uno de los invitados se subía encima de la mesa, reclamaba calma y reprochaba a los contertulios sus excesos, pero todas las reacciones respondían a un guión perfectamente estructurado. Ahora, mientras las cadenas continúen recurriendo al todo vale para captar la atención de los espectadores, seguiremos aguantando carros y carretas. Y cuando a un personaje se le acabe el discurso, podrá echar mano de la Andreíta de turno para mantener el caché.
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