SALAMANCA
La entrevista, en profundidad
Última actualización 13/06/2009@21:47:49 GMT+1
Salmantina con raíces extremeñas, María Ángeles de Sande ejerce la profesión desde hace 25 años y es presidenta del Colegio de Farmacéuticos desde 2004, cuando sustituyó a Antolín de Dios. Anteriormente fue vocal de Alimentación, una etapa que reconoce, “fue muy positiva”. ¿Su reto? Asentar las bases logradas en la primera legislatura y continuar en esta segunda alcanzando objetivos.
Rosa M. Fernández
Estar al frente de un colegio con más de seiscientos profesionales no debe ser tarea fácil.
Somos unos 626 colegiados en diferentes actividades: oficinas de farmacia, hospitales, distribución y otras. Siempre hay dificultades, más en época de crisis y cambios, pero los que me han precedido han hecho las cosas tan bien que nos han dejado el camino abonado. Sembramos iniciativas nuevas, pero recogemos el fruto de nuestros antecesores. Y cuestiones importantes que hemos hecho, sobre todo, afianzar la unidad de los nueve colegios de la Comunidad en una institución supracolegial. Hay muy buena relación con la Administración sanitaria, hay muchos asuntos que hay que tratar con la Consejería pero hay buen ‘feeling’.
Una farmacia rural tiene dificultades que poco tienen que ver con las de una farmacia en la capital.
Sin duda. Salamanca es una provincia rural, de las más de 260 farmacias sólo 80 están en la ciudad. Dejando a un lado los problemas propios de la profesión, hay circunstancias distintas. En el medio rural las guardias se viven de forma más complicada, algunas las hacen 180 días al año. En la capital tenemos problemas, pero en la población rural quizá no se haya llegado a plantear que cada noche de invierno y de verano, hay muchas que están abiertas esperando una urgencia. Es un esfuerzo del farmacéutico rural que debería tenerse muy en cuenta tanto por las administraciones como por la sociedad.
¿Han llegado a plantearse modificar el sistema de turnos?
La tónica general es que no entra nadie en horario de guardia, entre otros motivos porque la red de centros de salud es amplia. Es uno de los temas más necesarios, no sé si de modificar, pero sí de ajustar a la necesidad, porque queremos que la población esté atendida, pero con una calidad de vida para el farmacéutico. El esfuerzo es enorme y llega un momento en el que es inviable. Hay un proyecto de modificar la Orden que regula horarios, guardias y vacaciones. La idea es que manteniendo la calidad del servicio, se pueda mejorar la calidad de vida del farmacéutico.
¿Preocupa la seguridad?
Hace unos años entró angustia y psicosis de robo, algunas farmacias se blindaron, después pasamos a una etapa con sustos mínimos, ahora vuelve a aumentar. Las noches que eran problemáticas han dejado de serlo porque la dispensación nocturna se hace con sistemas de seguridad. También ha contribuido la disminución del consumo de heroína y otras sustancias. Hay robos, pero no psicosis.
¿Y la salud de la profesión?
Está bien porque la salud de la población es buena. El sistema sanitario es envidiable y hay una mayor conciencia para prevenir las enfermedades. Todas las profesiones tienen sus dificultades, esta también, pero sabemos que tenemos que estar a las duras y a las maduras.
¿Cómo les ve la sociedad?
A cualquier persona que le preguntes por su farmacéutico te habla maravillas por la cercanía y confianza, porque soluciona problemas de toda índole. Queremos que se nos vea como agentes de salud, no sólo para la medicación, asuntos de alimentación, imagen, plantas. Ahora, con la proliferación de productos supuestamente naturales, hay que dar la batalla. Tenemos una experiencia que la sociedad debe aprovechar. Hacemos una carrera larga, difícil y completa que nos capacita para ser agentes sanitarios. A la profesión, en general, puede que se nos vea distante e incluso privilegiada, pero a quienes piensan así les diría que se acerquen a nosotros y vean la realidad. No podemos pensar en una farmacia concreta, céntrica… a las doce de la noche en una de un pueblo hay un profesional que está haciendo guardia. A esta profesión hay que verla en su conjunto, es profesión sanitaria con vocación de servicio.
¿Hay paro?
No, al contrario, hay demanda. Cualquier persona que quiera trabajar, lo hace, aunque quizá no haya el trabajo que quiere y necesita.
Una profesión que les obliga a actualizarse casi a diario.
La formación que hace el colegio es enorme, contamos con dos profesionales dedicadas a esta labor. Es un trabajo que abarca muchos temas, nuestra formación es vasta y en diferentes ámbitos. A esto se suma un convenio que tenemos con la Universidad para hacer prácticas en el que participan 60 alumnos. El colegio es la segunda Universidad, de allí salen y aquí entran.
El futuro ¿cómo se presenta?
Boyante, porque es una profesión muy amplia y de ahí que las expectativas de trabajo sean extensas: laboratorios, gabinetes de alimentación, medio ambiente… tenemos una formación completa y hay muchas salidas.
¿No hay intrusismo?
No. Somos expertos en medicamentos, desde el principio. La planificación de oficinas de farmacia la tiene transferida la Consejería para que toda la población esté atendida y reciba los medicamentos con la misma garantía y al mismo precio.
¿Hay farmacias suficientes?
La política que se sigue es no cerrar ninguna y en zonas de crecimiento, abrir. Hay que tener en cuenta que Salamanca es la segunda provincia con más farmacias por habitante. Entendemos que ha llegado el momento de planificar de otra manera porque hay pueblos sin apenas población, pero dependerá de la Ley de Ordenación.
También es una empresa.
Cierto. Tenemos 265 farmacias y 800 personas entre farmacéuticos y auxiliares, más los indirectos de almacenes y demás. Es una cadena empresarial, pero nuestra visión sanitaria está por encima, se impone la calidad sanitaria frente a la empresa. En muchos casos se sale con un consejo y sin un producto, no se valora necesariamente una venta.
¿Hay rivalidad con las parafarmacias?
La farmacia tiene como eje central los medicamentos y alrededor otra serie de productos, que son los que dispensa la parafarmacia. Cada uno tenemos nuestra posición y nuestro lugar.
Todo lo que se vende ¿es efectivo tal como se anuncia?
Es el tema del millón. La sociedad valora tan bien la farmacia que la publicidad sabe que hacer referencia a ella es sinónimo de calidad. Nosotros tenemos que mantener nuestro estándar de calidad con los productos que aconsejamos y dispensamos. No todo lo que se dice en la publicidad es verdad y algo peor, hay cosas que la publicidad de un producto no dice y sí son. Tenemos que ser agentes de salud y decir, por ejemplo, que la única forma de perder peso es disminuir la ingesta calórica y aumentar el ejercicio físico y esto es lento, cuesta y no puede ser de hoy para mañana.
¿Detectan muchos productos ‘milagro’?
Sí, y sobre todo en internet. No todos los que se anuncian en la red son buenos, ni todos los que dicen ser naturales son inocuos.
¿Y la posición sobre la píldora del día después?
Todos los medicamentos tienen sus riesgos y efectos secundarios. Todavía no tenemos un documento real, no sabemos si va a ser una venta totalmente libre. Hemos pedido al Ministerio consensuar un protocolo y unas pautas de dispensación, para tener una seguridad mínima. Nuestra posición es que necesitamos un consenso homogéneo, como tenemos unas pautas para dispensar una aspirina.