REFLEJOS
ESCAPADA
Última actualización 09/04/2009@22:10:54 GMT+1
Juan Alberto Ramos (Juanal) y Francisco Ferrero (Paco), son dos montañeros salmantinos de 43 y 33 años que acaban de sumar a su currículum explorador el Aconcagua, un pico poderoso y complicado, ya no sólo por su altitud, 6.962 metros, sino por la ventisca y cambio de condiciones meteorológicas permanentes en esa zona de la cordillera de Los Andes. Las aventuras en los ascensos al pico del Aneto (3.404 metros), en los Pirineos, y del Montblanc (4.810 metros) en los Alpes animaron a estos hombres, un empresario de viveros y un técnico en riesgos laborales. Voluntad, buena salud, 6.000 euros por barba y suerte son los elementos necesarios para el viaje. Madrid-Mendoza-Madrid con escala en Chile. 14 horas de viaje y tres de diferencias salvables con el teléfono vía satétile condicionado por la luz solar a dos dólares el minuto. Próxima parada, un ‘ochomil’ en el Himalaya.
Ésta es la historia de Juan Alberto Ramos (Juanal) y Francisco Ferrero (Paco), dos montañeros que en enero de 2009 se propusieron ascender al Aconcagua, la montaña más alta de América. Dos salmantinos que han hecho cumbre en el Aconcagua, un pico poderoso y complicado, ya no sólo por su altitud 6.962 metros, sino por la ventisca y cambio de condiciones meteorológicas permanentes en esa zona. Hasta ese día su máximo logro en la montaña pasaba por picos del Pirineo, Alpes y Atlas, entre ellos el Aneto (3.404) y el Montblanc (4.810), pero pasar a casi un ‘sietemil’, requiere más preparación y, sobre todo, algo que Juanal y Paco tienen, una cabeza bien colocada. “Ésa es muchas veces la clave, estar preparado mentalmente, tener las expectativas claras y acordes a tus posibilidades y llevar pensado todo el desarrollo del recorrido en tu cabeza”. Cuándo será más duro, en qué momento habrá que reducir ritmo, qué le sucede a tu cuerpo y de qué forma reacciona a partir de los 6.000 metros. Lo que tal vez no esperaban es que también se convirtiera en algo más que una gran aventura, en una historia de convivencia con distintas culturas en condiciones extremas.
La salida se fija en Madrid dirección Mendoza con trasbordo en Santiago de Chile. La expedición la conforman dos guías argentinos y 12 personas, una brasileña, un japonés, tres canadienses, dos vascos, un argentino, un australiano, un coreano y los dos salmantinos protagonistas de este reportaje. Ya en Mendoza conocen al resto de la expedición, el idioma es un hándicap, pero son tantas las ilusiones y aficiones en común que el interés por comunicarse rompe barreras. En el hotel preparan el equipaje a conciencia. Es tan importante, que son los guías quienes hacen una revisión para que no falte nada y el material sea el adecuado para las condiciones meteorológicas que van a sufrir. Un saco de dormir que aguante -30 ºC, botas con escarpines, guantes, forros polares, gafas de ventisca y material fundamental para una expedición así: bote para orines (resulta curioso, pero a ver quién es el valiente que con – 20ºC sale al exterior), pequeño botiquín, termos para que no se congele el agua …
Con el equipaje en regla, la furgoneta se dirige a la entrada del parque a la que se accede a través de solitarias carreteras de hormigón. En 200 km. a la redonda no hay un solo pueblo, ni gasolinera. Después de un esperado reventón de rueda se instalan en el hotel de Puente del Inca donde compran los permisos para acceder al Parque Natural, muy controlado por el Gobierno chileno y punto de arranque de la ascensión.
La primera subida se hace para instalarse en el campo base de Confluencia (3.368 m), un punto de partida donde harán distintos trayectos para ir aclimatándose. La altura empieza a hacer estragos y la primera criba hará abandonar a una de las expedicionarias. Juanal va bien, su cuerpo se adapta a las condiciones, aún no hace mucho frío y hasta pueden estar en manga corta. Un lujo. Claro que allí es verano, pero a partir de 3.000 metros, el frío es ya una constante. El siguiente paso es ir al campo base de Plaza de Mulas (4.250m), el inicio de la ascensión, de ahí a la cumbre quedan 2.700 m. aproximadamente y tres campamentos de aproximación. Plaza de Mulas es una pequeña ciudad de tiendas de campaña, con servicio médico, bar, letrinas e incluso un albergue a unos veinte minutos con duchas con agua caliente. Un placer.
En este campo se juntan todas las expediciones. Hasta ese día no había hecho cumbre nadie porque el tiempo había sido muy malo.
El grupo inicia la ascensión al campamento 1 Canadá (4.910 m.) con más abandonos por problemas físicos y el grupo se reduce. Del ahí pasan al 2, el Nido de Cóndores (5.250 m.) y al último campamento, el 3, bautizado Cólera, (5.900 m.) donde la selección natural lleva a abandonar a todos los expedicionarios menos a Juanal y Paco. Los charros aguantan a pesar de algún problema físico. El control médico es diario, el guía es médico y se ocupa de controlar los niveles de saturación y la tensión. Afortunadamente, todo está regla.
El último tramo de la ascensión es el más duro, al frío y cansancio se unen hallazgos en el camino de algún montañero muerto que aún no ha podido ser rescatado. Sólo lo ve el guía, ya que la fatiga hace que el campo de visión se reduzca a los pies del compañero. Un último esfuerzo y el 24 de enero hacen cumbre en el Aconcagua una planicie espectacular donde es complicado hacer fotos con las manoplas y el frío que se mete por cualquier resquicio congelando todo lo que roza.
En la cumbre
La nariz de Juanal se congela en los segundos que retira la protección para ver mejor. Poco pueden saborear este momento porque los - 40ºC de sensación térmica hacen que sólo disfruten de la gloria cinco minutos, y para abajo. El guía ve las condiciones de los dos expedicionarios y les anima a bajar hasta el campo base en lugar de al campamento 3, como estaba planificado. Una osadía sabiendo que son casi 2.500 m. de desnivel. Se la juegan y sale bien. Llegan al campo base fatigados, pero con la satisfacción y alegría de haber hecho cumbre a pesar del viento, la nieve y el frío. Ésta es su historia.
Los 10 mandamientos de dos escaladores charros
1. TENER LA CABEZA BIEN AMUEBLADA. “Ésto es lo más importante”, apunta Juanal. En la montaña, al contrario que en la vida
“el que no arriesga es el que gana”. Cualquier error se paga con la vida.
2. PREPARAR EL EQUIPAJE A CONCIENCIA. Hay que llevar los puesto, el respuesto y prever cualquier imprevisto. “Imagínate que pierdes un guante a 4.000 metros de altura”. Juanal, que usa gafas, llevó tres pares
y otros tres de sol por lo que que pudiera pasar. “Trabajamos sobre el equipaje
con un mes de antelación”. 35 kilos
a la espalda que nunca pesan si pueden solucionar imprevistos.
3. ¿REZAR O CONFIAR EN LA PROVIDENCIA? Los que sean religiosos, rezarán. Juanal no lo es y dice que hay que confiar en uno mismo. “Aunque somos compañeros, a partir del campamento base somos independientes”
4. EL COMPAÑERISMO, ESENCIAL, AUNQUE SIN PASARSE. Quien no conoce la montaña y sabe de accidentes que han ocurrido y de compañeros abandonados, quizá tache de insolidarios a los montañeros. Error “Si una persona está medio muerta y alargas el tiempo al final serán cuatro”. Se puede arriesgar siempre que no arriesgues tu vida. “Una retirada a tiempo
es una victoria”.
5. LA COMIDA, UN LUJO QUE NO HAY QUE DERROCHAR. Todo va medido así que hay que administrarlo “muy pero que muy bien”. Los escaladores comen sopa y pasta, sobre todo, comida prefabricada y de vez en cuando barritas energéticas. “En los campamentos base se come muy bien”, dicen los montañeros y luego más arriba todo sabe a gloria. “Imagínate una sopa calentita... Eso sí, si no te das prisa en tomarla, a los tres minutos se te habrá quedado congelada”. Hacen una comida al día, como mucho dos.
6. CONTROL MÉDICO DIARIO. No basta con tener voluntad y dinero para subir al Aconcagua. Hace falta buena salud y pasar un control médico antes de acceder al parque al margen de otros controles en los tres campamentos. “Pulsaciones, oxigenación, edema pulmonar o cerebral”. Es obligatorio porque el cuerpo a esa altura va deteriorándose. “¿Perder kilos? No muchos, ya ganamos algunos antes de ir”.
7. NO CAER EN EL DESÁNIMO. La preparación mental es tan importante o más que la preparación física. “Sabíamos que íbamos a pasar días sin poder salir de la tienda, que íbamos a pasar mucho frío, que íbamos a sufrir...”. Por eso es importante hacer un ejercicio de preparación para las tres semanas que a la postre permanecieron en la montaña.
8. LA FOTO EN LA CUMBRE, IMPRESCINDIBLE. Aunque para ellos, no tanto. “Si hay foto, bien; di no, no pasa nada, la imagen está en el recuerdo”. Estuvieron apenas diez minutos por la ventisca y porque la temperatura era de 35 grados bajo cero. “Normalmente te haces
la foto con la bandera
de tu comunidad”.
9. NO FIARSE DEL DESCENSO DESPUÉS DE HABER HECHO CUMBRE. Queda la mitad del camino y hasta que no estás en el hotel con el autobús esperando para el regreso al aeropuerto, no has terminado.
10. VIVIR PARA CONTARLO.
Y compartir con la gente que no es lo mismo subir al Aconcagua que a la Peña de Francia.