SUCESOS
 |
| Un trabajador explica a la Guardia Civil lo ocurrido el 20 de enero de 2007, cuando el acusado disparó contra los obreros de una finca (Foto: Prieto) |
Provocaciones. El jubilado, que se enfrenta a una pena de 43 años de prisión por dos delitos de tentativa de asesinato y dos de lesiones, asegura haber sido víctima de insultos, amenazas y vejaciones
Última actualización 25/02/2009@23:01:38 GMT+1
Se cachondeaban de mí y me insultaban. Quería asustar exclusivamente”. Así se defendió el jubilado de Pedraza de Alba de 71 años, acusado de cuatro delitos de tentativa de asesinato, dos de lesiones y uno de tenencia ilícita de armas por el tiroteo que protagonizó el 20 de febrero de 2007 en los municipios de Éjeme, Santa Teresa y Galisando, en la comarca de Alba de Tormes.
C. Sanz
I. G. H., que se enfrenta a una pena de 43 años de prisión, aseguró durante su declaración en la Audiencia Provincial, que todo comenzó en mayo de 2006, cuando hubo que renovar el canal de agua de la Comunidad de Regantes y las obras empezaron a estropear sus tierras –sobre las que dijo que “prefiero perder la vida a las fincas–. Según su relato, cuando acudió a los responsables de las obras y a la Comunidad para expresarles sus quejas, éstos le respondieron con insultos.
Con estos antecedentes, por los que incluso llegó a interponer una denuncia, el acusado explicó que el día de los hechos cogió su coche y decidió pasar por su finca para ver cómo estaba y descubrió que había piedras y escombros, además de que estaba inundada de agua. “Era algo ya insuperable y me derrumbó”, afirmó I. G. H. para proseguir explicando que volvió a Pedraza de Alba con un gran estado de nervios y pensó “esto tiene que parar”, decidiendo así coger la pistola –sobre la que aseveró que la tenía desde sólo 15 días antes del tiroteo y que se la encontró en un ‘sobrao’ de Pedraza– para volver a la obra con la escopeta ya en el maletero del coche.
Cuando llegó a la finca relató “vi al grupo de trabajadores y a J. J. A., el encargado de la obra y que según el acusado “me hacía la vida imposible”, al lado de un coche. En ese momento se dirigió hacia el empleado y éste respondió con “¿qué haces aquí viejo?”, por lo que I. G. H. sacó la pistola y “disparé al capó y salieron corriendo, no apunté a J. J. A.”. Como continuó explicando el jubilado, no recuerda si el jefe de la obra, J. J. L. G., cayó al suelo tras el primer disparo “y menos intenté dispararle”. Asimismo, sobre J. F. S., el asistente técnico y también presente aquel día en la finca, el acusado declaró que éste empezó a hacerle burla y que le contestó “te vas a enterar, pero sólo para asustar”.
Después de este episodio, sobre el que los trabajadores negaron que profiriesen insultos contra el acusado, I. G. H. explicó que cogió el coche y se dirigió a Éjeme para buscar a A. F. G. al domicilio de sus padres –en aquella época, presidente de la Comunidad de Regantes– pero sólo encontró a su madre. En este punto, el antiguo recaudador de contribución y aficionado a la caza, aseguró que tenía los hechos “borrosos” y no recuerda haber mostrado la pistola a la mujer, que cerró la puerta rápidamente. Posteriormente, fue a buscar a su primo I. G. C., también miembro de la Comunidad, que le abrió la puerta de su casa y al verle armado la volvió a cerrar. “Como no me atendía, disparé por la rabieta y apunté a las escaleras” pero le dio a I. G. C. en el rostro, perdiendo la visión de un ojo.
Por último, de Éjeme fue a Galisancho para encontrar a J. L. G. de la Comunidad de Regantes pero no lo encontró y decidió acudir a Santa Teresa para buscar de nuevo a A. F. G. El acusado preguntó a unas vecinas cuál era su vivienda y le indicaron mal y, por lo que calificó como un “error garrafal”, I. G. H. llamó a la puerta de la casa y le atendió una mujer, M. P. S., que pensó que era la esposa de A. F. G. y “se escapó un disparo”. Después, acudió a la finca ‘Narrillos’ de Anaya de Alba, donde la Guardia Civil le detuvo. Durante la primera jornada del juicio, que continúa hoy, el público de la sala mostró su asombro cuando I. G. H., mientras explicaba cómo en su finca manipulaba la escopeta ante los trabajadores exclamó “toma maricón”.