OPINIÓN
Última actualización 04/01/2009@22:11:24 GMT+1
Antes tenías que esperar a la noche del 5 de enero para disfrutar de su mágica presencia. Entonces, y sólo durante un rato, a veces demasiado corto, el sueño se realizaba y Melchor, Gaspar y Baltasar colmaban tus ansias, y una mirada, una tímida sonrisa, el saludo entrañable o su proximidad bastaban para irte a la cama con más ganas que ningún otro día y derrochando ilusión. Esa misma ilusión que se va desvaneciendo a medida que los años que cumples ya no los cuentas con los dedos de una mano pero que siempre te hace sentir un poco niño, incluso cuando ya hace mucho tiempo que dejaste de serlo. Volveremos a cumplir con la tradición, que es algo más que una bendición para el comercio que ayer volvía a volcarse en satisfacer los deseos y las peticiones que han recibido. Pero está claro que el protagonismo de esos Reyes Magos que llegan desde Oriente se diluye y se reparte entre otros reclamos más ajenos que poco a poco también vamos haciendo nuestros.
Siempre me gustó la víspera de Reyes, y siempre me pareció que había que volcarse para recibirles, en cada pueblo y en cada ciudad, en cada lugar donde viviera un niño. Siempre pensé que no hay mejor encargo que formar parte de su comitiva, o que preparar su cortejo, cuidando cada detalle, porque hasta en lo más mínimo reparan los más pequeños y nada se les escapa. Por eso no vale todo para acoger a tan ilustres huéspedes y ésta es una labor sólo digna de quienes son conscientes de la importancia del papel que desarrollan los tres personajes más queridos. Lo sabemos muy bien todos, también quienes este año los tendrán más cerca como el fotógrafo José Manuel García, acostumbrado a captar entre sus miles de instantáneas las imágenes de niños que rebosan felicidad. O el periodista radiofónico José Antonio Ramos, quien volverá a recordar aquellos años en que sus hijos eran más pequeños y esta noche en casa era la más especial. O Adrián Gomis, que nos brinda desde hace años su sonrisa pero que se entrega a quienes le adoran como si le fuera la vida en ello. La verdad es que están a la altura. Este año ellos, en los anteriores otros, estarán muy cerca de esa cabalgata que acompañe a sus majestades de Oriente y que en Salamanca como en todos nuestros pueblos se convertirán en el mejor espectáculo con el que comenzar el año.
Esta noche llegan, aunque ya llevan varios días entre nosotros. Y cuanto más nos visitan más se pierde el encanto o al menos a mí me lo parece. Si por donde menos te los esperas aparecen, al salir de una tienda en un centro comercial, por una calle, en cualquier local de una asociación de vecinos. Una cosa es que sean mágicos y por estas fechas también omnipresentes y otra que multipliquen tanto su trabajo que parecen de todo menos dueños de los sueños y las ilusiones de los más pequeños.
Como cada año ya sabemos que los Reyes vendrán cargados de regalos y más tecnológicos que nunca, con novedades exclusivas y juguetes que marcan moda. Y como cada año quizá volvamos a confundir felicidad con darlo todo, con dejar hasta lo que no tenemos con tal de satisfacer los deseos de nuestros niños, sin reparar en que la magia también radica en otras cosas que no cuestan dinero como más tiempo para compartirlo jugando y sintiéndonos como niños.