Hemeroteca :: 13/11/2008
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OPINIÓN

Vender esperanza

Última actualización 12/11/2008@23:41:17 GMT+1
No están los tiempos para demasiadas alegrías. Hay días, incluso, en que hacer el periódico se convierte en un ejercicio de valentía frente a la realidad. Cifras y números cantan como si fuesen los chivatos de la película. La crisis, la tan temida crisis, está ahí.

Por mucho que queramos mirar hacia otro lado, España no va bien y sigue reconociéndola la madre que la parió. Tirios y troyanos se culpan de una situación que es herencia de muchos años y cadena de un eslabón internacional que recomienda a todos los países apretarse los cinturones y capear el temporal, por lo que pueda venir. No se dan cuenta, quizá, de que eso a los ciudadanos de a pie, nos da igual. Hacer memoria sobre el pasado cuando nos pintan de negro el futuro suena a inoperancia y a milonga.

Los años que este país nuestro se ha pasado gravitando en una burbuja de ‘leuros’ y ladrillos, pasan ahora factura, como si fuese un mal parto alumbrado desde un útero calentito en el que muchos dormían despreocupados. Ahora, se acabaron los ‘chaleses’ y los ‘cocheses’, aunque España vaya a sentarse junto a los grandes a la yanquilandia lejana, allá en el paraíso de las oportunidades.

Los datos están ahí, y son demoledores. En Ledesma, el incremento del paro en el último año ha sido de un 110,4 por ciento. Pero no es sólo la villa ledesmina la que se resiente del azote económico y laboral que sacude de forma certera cada palmo de la provincia, de la Comunidad y del país.

Lo malo es que detrás de los números, detrás de los porcentajes, y las cifras, se esconden nombres y apellidos, personas, familias. Detrás de las estadísticas adivinamos los dramas de final de mes, el tiempo muerto de los trabajadores que se han quedado de golpe sin pan que llevar a casa, sin horarios que cumplir. Adivinamos los silencios de los días, la angustia de las noches, las preguntas sin respuesta, las manos atadas para edificar un proyecto de vida, aunque se hayan pasado años construyendo a golpe de pico y pala las casas de los demás.

No duele el dinero, que sólo es papel, que sólo es metal, que sólo es eso: dinero. Duele el alma, aunque digan que no existe, aunque teoricen sobre los 21 gramos de peso que se supone que alcanza en una balanza. Duele la vida, duele el día a día. Duele el futuro, duele la incertidumbre.

Duele la despoblación y la vejez que se come los pueblecitos de La Raya con los mordiscos del olvido, el tedio y la pobreza, como denuncia el último estudio de Cáritas. Duele dejar de madrugar, porque hay días en los que es mejor no salir de la cama, porque hay días en que sólo es posible soñar entre las sábanas, con los ojos bien cerrados y los puños apretados. Duelen los bolsillos vacíos, las telarañas en el monedero y en la agenda.

Duele pasear por las estadísticas. Duele, en definitiva, saber. Duele adivinar. Duele comprobar que los palos siempre caen del mismo lado, que las pulgas son siempre del perro flaco y que las consecuencias inmediatas de esta recesión siempre golpean antes en los tejados de los más débiles.

Y duele porque, créanme, también a los periodistas nos duele no poder vender esperanza en tinta negra cada mañana.
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  • Ana Pedrero / A lo llano

    Últimos comentarios de los lectores (1)

    9481 | j - 13/11/2008 @ 10:17:27 (GMT+1)
    "No se dan cuenta, quizá, de que eso a los ciudadanos de a pie, nos da igual". Creo que no Ana, el psadao no nos debería dar igual. Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades durante mucho tiempo, pensando que el dinero siempre iba a valer poco (bajo interés), diciendo bobadas como esa de "yo me meto, y cuando no pueda pagarlo, lo vendo o que se lo quede el banco) e intentando trabajar lo menos posible y ganando todo lo que pudiéramos. En Salamanca (provincia donde las haya de rentistas o aspirantes a) sabemos mucho de eso. ¿A que los que se dedican a producir jamones no tienen problemas? Los tienen los que se gastaban la subvención en comprar un piso en Salamanca para después venderlo más caro, o los que pensaban que en la obra se iban a ganar 2 o 3cientasmil pesetas toda la vida. ¿Meternos en la cama a llorar? Es muy cómodo, y mientras decimos que nuestros políticos son nefastos y nuenca han hecho nada por la provincia. ¿Y sus habitantes? ¿Dónde están los Emprendedores? La Raya la conozco muy bien. A parte de llorar (y salvo escasas inciiativas que están llevando a cabo últimamente) qué han hecho hasta ahora?
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