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Hemeroteca :: 23/10/2008
OPINIÓN
Las mujeres tronamos
Última actualización 23/10/2008@00:04:06 GMT+1
Una madre tronaba hace escasos días en los pasillos de un hospital salmantino porque los servicios sociales le arrebataban de los brazos a su hijo malnutrido.
Una mujer tronaba. No gritaba, ni rugía, ni bramaba. Tronaba, como truenan los cielos cuando se rompen por dentro y se esparcen en gemidos oscuros con olor a tierra húmeda.
Aquella mujer tronaba, porque en su corazón se desataban todas las tempestades del mundo, todos los dolores, todos lo terremotos. Alguien dijo entonces que las mujeres no tronaban y sintácticamente habría que darle la razón, aunque desde ese día tenía pensado este título: las mujeres tronamos. Claro que tronamos.
Las mujeres tronamos. Tronamos, y provocamos maremotos, aguaceros y granizadas, y soles y lunas dibujados en la espalda. Las mujeres tronamos e inventamos océanos entre el ombligo y la punta del pezón.
Las mujeres modelamos el mundo en el barro cocido sobre nuestras huellas, inventamos planetas sobre las baldosas, encendemos el deseo por las esquinas del aire. Las mujeres nos deshacemos en brasas y en hielo, inventamos la primavera ceñida al vuelo de la falda, guardamos los otoños debajo del colchón, conjugamos el invierno con la lumbre del deseo.
Las mujeres erigimos volcanes en las entrañas y diluvios en los ojos. Sostenemos continentes sobre la ternura. Redactamos la promesa desde la profundidad del útero.
Las mujeres, que somos una bandera, escondemos vendavales y tornados, ondeamos en las azoteas como ropa blanca oreándose al sol.
Cuando a una mujer le arrancan al hijo de los brazos, truena. Cuando una mujer se abre de piernas y de alma, dando paso a la vida que viene desandando en su interior, truena. Cuando una mujer contempla por vez primera al hijo parido con dolor, estalla el mundo. Y truena sobre la almohada, y nacen relámpagos en las uñas y en el pecho, en la garganta, en el corazón.
Cuando una mujer se entrega en cuerpo y alma se abre un precipicio en su cadera, un mapamundi en los muslos, un abismo en el vientre, un firmamento en el estómago. Y truena sobre el lienzo, sobre la sábana dolorida de tanto amor.
Cuando una mujer ama, aparecen constelaciones bajo su nuca, veranos bajo las pestañas, altares en la cruz de sus axilas, el arco iris en la comisura de los labios.
Cuando una mujer besa, se desatan en la lengua mil terremotos. Cuando una mujer acaricia, queda escrito en la piel el vértigo de mil huracanes, la revolera de todos los vientos en los puntos cardinales de sus poros, el cristal de todas las aguas en las gotas calientes de su sudor.
Cuando una mujer sonríe, enciende la bombilla del infinito, truena silencios en la pupila, llueve misterios sobre los dientes de la tierra.
Una madre tronaba maldiciones en el pasillo de un hospital. Porque las mujeres tronamos, incluso cuando escampa el mundo en los tejados de nuestra alma.
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Ana Pedrero / A lo llano
Últimos comentarios de los lectores (6)
9431 | Fusa - 02/11/2008 @ 14:47:10 (GMT+1)
"Las mujeres tronamos. Tronamos, y provocamos maremotos, aguaceros y granizadas, y soles y lunas dibujados en la espalda. Las mujeres tronamos e inventamos océanos entre el ombligo y la punta del pezón." Puro trueno.
9408 | Guarismo - 28/10/2008 @ 22:25:37 (GMT+1)
Efectivamente, Ana, las mujeres tronáis y con toda la razón y todo el derecho del mundo. En cada una de las circunstancias que tan bien describes con tu elegante, certera y cuidada pluma.
(Lástima que los hombres, a veces, no nos damos cuenta hasta que realmente tronáis.)
9376 | J.Matias - 23/10/2008 @ 22:35:46 (GMT+1)
Extraordinario el reportaje, de Ana Pedrero dedicado a la mujer, efectivamente claro que las mujeres tienen que tronar, sobretodo cuando la vida, porque la mujer es la creadora y madre de la vida, de todas nuestras vidas, es creadora de naturaleza, y, es.......que somos tan crueles las personas, que despues de darnos la vida, hay sobre todo ultimamente, energumenos que le quitan a ellas la vida.
Enhorabuena, para Ana Pedrero, desde Extremadura la leo a traves del Tribuna, de un salmantino afincado en Badajoz.
9372 | Pozo Amarillo - 23/10/2008 @ 10:45:19 (GMT+1)
Sencillamente precioso. Un lujo leerte. Ojalá pudiera hacerlo a diario.
9371 | Isidoro - 23/10/2008 @ 10:27:37 (GMT+1)
Que bonito Ana, ENHORABUENA, por esta reflexión digna de un gran poema,
Cuando empecé a leer, pensé que inciabas tu escrito con el bramar de la madre de los Mozos de Monleón, pero es verdad, es totalmente distinto el bramar por la muerte de un hijo que el tronarpor la vida de ese hijo, te repito mi enhorabuena, con estos escritos se identifican los buenos periodistas. Gracias
9368 | J - 23/10/2008 @ 10:04:55 (GMT+1)
No sé si tienes por costumbre responder a los comentarios. pero si es así ¿Tienes algún blog (me gustaría leer más cosas de las que escribes)?.
Respecto a este tema, es complicado. No conozco el caso. Es cierto que hay muchos padres irresponsables y que lo más importante es el crío. Pero, últimamente (no sé si por exceso de celo de los profesionales o por ganas de protagonismo de jueces, médicos y psicólogos) se retiran tutelas con una alegría pasmosa. ¿Realmente se dan cuenta de lo que significa esa ruptura del vínculo de padres e hijos? Y si se equivocan ¿Creen que con una indemnización monetaria es suficiente?
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