LA GLORIETA
La Tribuna de Manuel Molés
Última actualización 26/09/2008@23:02:16 GMT+1
Llevamos una temporada cargada de indultos. Indultos de toros, de novillos y hasta de erales. En plazas de primera, caso de Barcelona, en plazas de segunda, en plazas de tercera, donde esta prohibido, y hasta en plazas portátiles. Se indulta en corridas de toros, en novilladas y hasta en festivales. Vale.
No estoy en contra del indulto. Es más: me parece muy bueno que un animal extraordinario en la plaza, que es donde mejor se ve y se ‘tienta’ un toro, pueda volver a la dehesa y dedicarse a la noble labor de padrear. Lo tengo clarísimo.
Pero mi duda está en saber qué se indulta. Y por qué se indulta. En plazas de pueblo y hasta en capitales como Murcia se indulta porque así parece que la corrida es más exitosa y que en esa plaza lo pasan mejor que en ninguna otra. Pero vuelvo a la pregunta: ¿Qué se indulta y por qué se indulta? El porqué esta claro que en la mayor parte de las plazas es por ‘mayor gloria de la tarde’. Pero se indulta para buscar sementales, para salvar la vida a un toro que puede ser un gran semental, un gran reproductor. Sin embargo, lo vemos todos, se están indultando otros nobles toreables y dulces que casi nunca se ven en el caballo. O si se ven es para que les den un leve picotazo simulado y poco más. Entonces: pregunto de nuevo: ¿es eso lo que se debe indultar para buscar sementales?
se indultan toros que no tenemos ni puñetera idea de cómo son en el caballo. ¿Lo indultaría un ganadero en el campo con un solo puyazo? En el campo va una, dos, tres y las veces que haga falta. Hay que saber cuál es la medida de su casta y eso se ve en el caballo. Al menos también en el caballo, aunque algunos ganaderos digan que el castigo en varas no sirve para nada.
Yo propongo que antes de indultar en la plaza a todos esos toros nobilísimos, con los que el torero ha disfrutado y el aficionado no sabe a qué atenerse porque no existió el tercio de varas, saquen el caballo y acabada la faena veamos si el toro va o no un par de veces a la llamada del picador, que lógicamente usará el regatón. Lo que no entiendo es como se indultan toros que no han ido al caballo. Y el noventa por ciento de los indultos es así. Hay otro asunto curioso y equivocadamente porque cuando estos temas taurinos se tratan en la tele en programas del corazón o por informadores sin idea del tema es para echarse a temblar. Oigo en la tele que dicen esto: ‘José Tomas fue capaz de encerrar al toro en los chiqueros sólo con su muleta’. Vale. Pensemos.
Si el toro fue como un corderito a la puerta de chiqueros y entró sin rechistar, malo. O al menos no bueno. Un toro bravo no lo llevas con facilidad a la querencia de los mansos. Ni lo metes en la manga como si fuera una oveja. Si hace eso, puedes temerte algo muy claro: fue muy noble, pero se fue al corral como los mansitos.
tiremos de memoria. En la plaza de Madrid sólo se ha indultado un toro. Año 1982 ‘Velador’, de Victorino Martín. Aquel toro salvó su vida, padreó y fue un buen semental. Era de buena familia, tenía una nota y una hechura excelentes, aunque era algo corto de pitones. Dio toros bravos y buenos y transmitió también en parte su cornamenta no muy desarrollada. Pero dio buenos productos.
Ahora razonemos algo. ‘Velador’ fue bravo en el caballo y con temperamento en la muleta. La gente se emocionó con él y pidió su indulto. No fue una faena de orejas, de hecho José Ortega Cano que lo toreó no recibió ningún trofeo. Fue un toro el protagonista. Ahora la indultan porque el torero ha hecho una buena faena; y si le toca a un torero que no lo entiende no hay indulto. Pues bien, aquel toro ‘Velador’ tardó tres horas en consentir que lo metieran de nuevo en los corrales.
no había forma de que se acercara ni siquiera al portón. Ni con los bueyes, ni con los perros, ni con nada había forma de meterlo para adentro. Era bravo. Quería seguir peleando, no tenía ni un solo signo de entrega, ni de claudicación. Daba la sensación de que quería hasta morir en el ruedo. Al final, tres horas después, se lo llevaron pero sin dar facilidades. Sin ninguna docilidad. Era un toro no un cordero. Ya me entendéis.
Así pues, esta fiebre de indultos no tiene nada que ver con indultar un toro bravo. A no se que de lo que se trate es de poner a padrear a animalitos dulces de cara a una fiesta mortecina, dulzona, sin emociones y una fiesta en la que sobra el picador. Al paso que vamos no tardará mucho tiempo. No me gusta esta cuesta abajo, ni esta fiebre de los indultos.