LA GLORIETA
Homenaje a Julio Robles
Última actualización 22/09/2008@00:35:04 GMT+1
Paco Cañamero
El espíritu de Julio Robles volvió a surgir con toda la fuerza en su pequeño pueblo de Ahigal de los Aceiteros. Allí, en una cálida mañana cerca de 300 amigos y aficionados se unieron para mostrar su repulsa a la bestial profanación del panteón familiar donde descansan él sus padres.
Entre el grueso de gente se dejaban ver Florindo, Maribel e Isi, los hermanos de Julio, también políticos como Julián Lanzarote, alcalde de Salamanca; Eloy García y Jesús María Ortiz, diputados provinciales.
Leyendas de la gente de plata como Juan María García, El Rubio, Adolfo Lafuente, Flores Blázquez. Amigos del homenajeado caso de Félix Rodríguez, Alfonso Dávila, Ramón Patino, José Martín Sánchez, Susi Marto, Tomás ‘el confitero’, Mariano San Román, Wences ‘Canillas’; Zamorano, el corredor Ángel y Pablo, de San Felices... y más. También miembros de peñas y federaciones llegados de Extremadura, Valladolid, Tordesillas, Zamora... Todos con algo en común defender la Fiesta y su grandeza.
El acto estuvo bien organizado, muy bien por cierto, por la Asociación Nacional de Mayorales, en la persona de José Luis Castro, director de esa institución quien abrió y cerró el acto en sentidas palabras.
Hubo decenas de discursos, como el de José Martín, presidente de las peñas, o el de Julián Lanzarote, que manifestó: “Los políticos debemos plantearnos crear más plazas en los psiquiátricos para encerrar a todos estos canallas y gilipollas que andan sueltos...”.
También fueron sentidas las frases de su compadre, el gran Félix Rodríguez, o las de una poesía que envió su íntimo Ramón Patiño. Pero las que de verdad pusieron el bello de punta fueron las de Isi Robles, la hermana menor de Julio, quien cautivó a todos con sus corazón sentido y humano por delante.
Todo fue hermoso, sentido y lleno de emoción, en un acto que se celebró al lado de la preciosa escultura que inspiró Luis Sanguino y patrocinó Victorino Valencia. Allí, con más de trescientas personas, el nombre de Julio Robles volvió a sonar con toda la fuerza y los ‘vivas’ surgieron con la emoción que traían sus ‘olés’. Todo en medio de una mañana en la que el roblismo volvió a surgir con todas sus fuerzas para frenar los movimientos que intentan hacerse notar por el uso de la fuerza.
Únicamente hubo un hecho menos brillenate. Fue la larga intervención del sacerdote Miguel Iglesias, quien se lió a cascar y no encontraba fin, ni escuchaba los avisos.
Pero lo mejor es que Julio Robles sigue vivo. ¡Muy vivo!