OPINIÓN
España llora
Última actualización 21/08/2008@23:07:29 GMT+1
Esolada y sin pañuelos para enjugar tantas lágrimas de dolor. Ahora han sido más de 150 infelices quienes tuvieron la mala suerte de embarcarse en el avión de la muerte. Los mismos que minutos antes acababan de hacer el particular paseíllo del que nunca más regresarían y han llenado de dolor a un país para demostrar que más allá de la crisis está el sufrimiento y la realidad de la muerte.
Hoy la querida tierra grancanaria, junto a muchos otros lugares de España vive sumida en el peor de sus dolores y en una pesadilla que se no recuerda con tantos de sus hijos carbonizados en la ribera de un pequeño arroyo afluente del Jarama, ese río que ha escrito tantas páginas para la historia del siglo XX, el mismo que ya para siempre quedará marcado por el destino de ese MD-82 de Spanair que acabó estrellándose sobre el cauce seco.
El dolor no tiene remedio. Es la peor de las dolencias, porque su misterio nunca queda registrado en los negativos de las radiografías, únicamente aflora en la cara, como hoy tiene su reflejo en tanta gente, mucha de aquí, de ese entrañable pueblo de La Fregeneda que ha perdido a varios de sus hijos y los guardará para siempre con respeto. Y sus sonrisas quedarán grabadas de manera eterna entre sus paisanos. Porque las muertes trágicas, las que llegan por sorpresa siempre son las más inesperadas y las de más sufrimiento. Lo mismo sucede en el pequeño pueblo de Berrocal de Salvatierra. Y en tantos otros de la geografía nacional que también sufren el siniestro aéreo de la T-4. Pero sobre todo en la entrañable isla ‘canariona’. Allí, en Las Palmas, junto a pueblos como Telde, Gáldar, Agaete, San Bartolomé de Tirajana, Ingenio... han perdido la alegría con todos esos hijos que ya no volverán a caminar por sus calles porque el destino se los llevó a ese maldito avión que se estrelló sobre un riachuelo del río Jarama.
Ahora Madrid, la hermosa capital de todas las españas ha vuelto a ser el nido de otra gran tragedia. Otra más cuando todavía está reciente el maldito 11-M. Esa cuna de civilizaciones de todo el mundo que se llama Madrid vuelve a ver las garras del dolor aposentadas sobre su solar.
Como las vio especialmente en el duro final de 1984 cuando fue escenario de varias adversidades en medio de un fin de año bautizado como las ‘navidades negras’, en las que se repetía hasta la saciedad la imagen del alcalde, el viejo profesor, don Enrique Tierno Galván que no tenía palabras para consolar tanto dolor en los familiares de las víctimas.
Todo comenzó en diciembre cuando un ‘Jumbo’ de Avianca, que iniciaba las maniobras de aproximación a Barajas ‘cayó’ al lado de Mejorada del Campo, muriendo la mayoría del pasaje y tripulación. Semanas más tarde, la discoteca Alcalá-20 fue pasto de las llamas carbonizando en su interior a cerca de 100 jóvenes que se divertían ante la llegada de la Navidad. Mientras Madrid todavía lloraba a los muchachos, cuyos cuerpos yacían –todavía ‘calientes’– en el cementerio de La Almudena, una mañana de niebla después de las primeras claras, en las pistas de Barajas colisionaban un ‘Boeing-727’ de Iberia, con un ‘DC-9’ de Aviaco que se cruzó en su camino cuando el primero se disponía a despegar llevándose por delante más de un centenar de vidas. Aquellos accidentes sembraron el pánico y los madrileños vieron cómo el personal pasaba de largo por la Villa y Corte en una época en la que nadie quería escuchar nada de Madrid, que por malages del destino quedó convertida en ciudad maldita.
Después llegó aquel 11-M maldito y reciente, con su dolor aflorando en la piel, cuando ahora en la T-4, un maldito avión de la muerte ha traído tanto dolor en el vuelo que alzó a los cielos a centenar y medio de infelices que, ilusionados en una tarde que las garras del dolor se aposentaron, otra vez, sobre Madrid.