TRIBUNA DE VERANO
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| Las escenas de emoción fueron constantes en la despedida de los 16 niños saharauis que ayer partieron desde Vialia rumbo al campamento de refugiados de Tinduf tras pasar las vacaciones de verano en Salamanca. Los más pequeños se movieron entre la pena por la despedida y la alegría ante el reencuentro con
sus familias (Foto: / prieto) |
Última actualización 16/08/2008@21:41:36 GMT+1
Emilio s. cófreces
Aziza está nerviosa, en su cara se refleja la emoción de saber que en unas horas se reencontrará con su familia en Smara (Argelia). Esta niña de 10 años y ojos vivarachos es uno de los 16 menores saharauis que ayer partieron rumbo al campamento de refugiados de Tinduf tras pasar dos meses en Salamanca gracias al programa Vacaciones en Paz, que impulsa la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui de Salamanca (Ampusasa). El segundo grupo, formado por otros diez niños que han permanecido en la capital del Tormes y otras localidades cercanas, regresará hoy.
“Tengo muchas ganas de volver a casa”, asegura Aziza, aunque reconoce que va a “echar mucho de menos” a Óscar y Teresa, los padres adoptivos con los que ha compartido el verano por segundo año consecutivo. “Me lo he pasado muy bien, pero lo que más me ha gustado ha sido ir a la playa, en Asturias”, señala Aziza, quien asegura que “me gustaría volver el año que viene a Salamanca”.
Si lo hace, a buen seguro que repetirá experiencia con Óscar y Teresa, quienes ayer acudieron a despedirla a Vialia. “Ahora nos quedamos con sensación de vacío. Ya nos ha tocado llorar en casa”, confiesa esta joven pareja. “Es una niña muy sociable, se ha llevado muy bien con mis sobrinos”, indicaba Óscar, quien asegura que “este año la hemos notado más adaptada y con mayor dominio del español. Entiende todo lo que le decimos”.
“Yo soy tu hija”
El papá salmantino de Aziza también reconoce que la pequeña “pide mucho y es muy celosa. No quería que habláramos con otros niños, y siempre nos decía ‘Yo soy tu hija”. En cualquier caso, Óscar aclara que “los niños son niños y a veces se portan mal”. A pesar de ello, no duda en “recomendar a cualquiera que acoja a un niño saharaui”.
La experiencia también cuenta con la recomendación de la presidenta de Ampusasa, María Ángeles Cubas. “Todo ha salido muy bien. Ha habido dos niños a los que se les ha operado, pero el resto, todos muy contentos”, indica Cubas, quien precisa que “los niños llegan muy mentalizados, saben que vienen de vacaciones y no hay ningún problema”. El viaje hasta Salamanca de cada menor que participa en el programa Vacaciones en paz cuesta unos 500 euros, que Ampusasa sufraga gracias a la subvención de 16.817 euros que le aporta el Ayuntamiento.