Hemeroteca :: 07/06/2008
         11/16
LA GLORIETA

LA TRIBUNA DE MANUEL MOLÉS

Última actualización 06/06/2008@23:27:41 GMT+1
Lo tenía todo a favor. Es verdad. Aunque en esto del toreo nada está seguro de antemano. Pero es cierto que todo estaba a favor. La ilusión, el reventón, la pasión y esa certeza de que quien hizo una revolución con las armas del toreo eterno, acabó creando toda una religión. Muchísimos fieles y él como sumo pontífice.

También es verdad que la corrida de Victoriano del Río tuvo cuatro toros estupendos. Sobre todo los dos de José Tomás y el segundo de Javier Conde, que era para llevárselo a casa y entrenarse en las horas libres. El peor lote fue para el toricantano Daniel Luque, torero interesante al que habrá que esperar. Por tanto, un buen lote para José Tomás. Y Victoriano del Río que hace pocas fechas echó una corrida complicada y bruta para El Juli, Morante y Manzanares guardó para esa tarde lo mejor de su despensa. Su amigo El Juli no estará muy contento.

pero vamos al grano. Lo importante fue que a Madrid volvió el hijo pródigo, uno de los toreros más queridos por la afición de la Monumental. Y volvió a torear, a lo que a mí me gusta, con la mente despejada y utilizando su enorme valor no para andar a trompicones sino para hacer lo que mejor sabe hacer, aquello por lo que nos hizo a todos partidarios suyos, aquello por lo que le cantamos y reconocimos sus excelencias.

No vino a la plaza de Las Ventas a embadurnarse de sangre, ni a dejarse pegar volteretas sin necesidad. Ni siquiera dio una manoletina. Sabía que en Madrid no debía echarse ventajas, ni vestir al santo de colorines. Lo importante, y lo imponente es cómo torea José Tomás cuando se le van las nubes de la tragedia innecesaria y luce el sol de su esplendor clásico. Y eso es lo más difícil. Para eso sí que hay que tener valor y muchos cojones. Además de otras muchas virtudes.

Cuando alguien torea como lo hizo José Tomás con la mano derecha y sobre todo con la zurda perfectamente colocado, la muleta ahí adelante, el viaje templado, sentido y por debajo y el remate allá atrás y ya estoy colocado otra vez para ligarle la serie y si es posible en lugar de tres y el de pecho van a ser media docena tirando por lo bajo. Ése es mi torero. Y ésa es mi bandera.

Es mucho más grande, inalcanzable y admirado cuando hace el toreo puro que cuando se ofrece en extraña inmolación cantada por extraños poetas del Apocalipsis. Arrimar se arriman algunos, bastantes. Hasta algún torpe. Pero torear como toreas tú, José Tomás, cuando sabes que la plaza se va a venir abajo, porque no espera que el gladiador salga del coso lleno de arañazos o reventado, sino que anhela que toda esa carga de duendes, musas, sentimientos, fracturas interiores, valor y temple al ralentí florezcan, es una virtud tan grande que no debes adulterar.

Me gustó mucho que viniera así a Madrid. A torear. Ya sé que para muchos todo habrá sido algo exagerado, excesivamente cantado y coreado por un amplísimo orfeón de fieles. Me da igual las orejas de más o de menos. Ha vuelto José Tomás bueno, el que me quita las dudas y los malos humores, el que pone a todos de acuerdo con un natural con la mano bajísima e infinita. Ése sí es mi gallo. Y el de los aficionados que no se han apuntado a esa “tragedia griega” en la que quieren inmolar a este torero.

vuelvo a sentir en gran parte las emociones de antaño porque a Madrid ha regresado el hijo, el torero pródigo, que abría las puertas grandes y los corazones de todos buscando el gran tesoro del toreo bueno, del puro, del clásico, del de siempre, del más moderno y también del más difícil. Ése sí que no me da ningún empacho en proclamarlo, es como el que yo quiero. Porque lo hice antes que casi nadie, tras aquellos naturales imposibles a un toro de Guardiola en sus inicios de matador en la plaza de Madrid. Y si fui sincero allí y lo disfrutamos varios años, no sentía lo mismo al verlo de voltereta. Mas ha regresado al vientre que parió tanta pureza. Bienvenido a los orígenes después de darle la vuelta al mundo, al planeta de lo toros.

El resto lo saben ya. Apoteosis. El país enloquecido. Tarde para la historia. Todo eso y mucho más, ya lo saben. A mí sólo me correspondía decirles si tan gran éxito fue un trueno de los cielos o un castillo de fuegos artificiales. Fue, ni más ni menos, que el retorno de José Tomás a la pureza casi imposible y a la verdad desnuda de las vestales del Mare Nóstrum. Bienvenido a casa, torero.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?   Si (0)   No(0)

Noticias Relacionadas


Comenta esta noticia



Normas de uso
  • Esta es la opinión de los internautas, no de Tribuna de Salamanca
  • No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.
  • Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.
  • Su dirección de e-mail no será publicada ni usada con fines publicitarios.


Portada | Hemeroteca | Búsquedas | EDITORIAL | OPINIÓN | LOCAL | PROVINCIA | TIERRA Y CAMPO | CULTURA | SUCESOS | DEPORTES | REFLEJOS | ESPECIAL | | [ RSS - XML ]
Redacción, Administración, Distribución y Publicidad: C/ Cañón de río Lobos, parc. 14. Pol. El Montalvo II. Teléfono: 923 19 11 11, Fax: 923 19 11 52. Contacto
Diseño web: Cibeles.net | Páginas creadas con