TOROS
FERIA DE SAN ISIDRO
Última actualización 21/05/2008@23:21:59 GMT+1
Primer día de reventa disparatada. Lo que quiere decir que se respiraba cierta frivolidad en el tendido, aportación del inevitable público de clavel, como despectivamente les suelen llamar los otros.
Juan Miguel Núñez
Suele pasar en días como éste que los dos bandos tratan de adelantarse recíprocamente en sus juicios y apreciaciones para evitar que el festejo tome el carácter que la otra parte quiere imprimirle. Así hay momentos que la plaza parece un gallinero. Apoyan lo que quieren, si hace falta de forma frenética, y denostan lo que no les gusta, incluso con impertinencias. Lástima de plaza de Las Ventas, supuestamente la primera del mundo, que por los modales del tendido a veces deja mucho que desear.
A Ponce, como tantos ídolos en lo mejor de su carrera, no le perdonan algunos su condición de máxima figura. Torero de época por la trayectoria que lleva, plagada de gestos como el de encontrarse en Madrid con una corrida tan complicada e imposible, y jugarse la vida sin miramiento y a cambio de nada. Los de la jet, ni se enteraron la mayoría. Los ultras, sin una excusa verdaderamente taurina, llegaron a gritarle ¡que te estás quedando calvo! Una pena.
Lo más importante de la tarde lo hizo Ponce con dos toros dificilísimos, el primero siempre a la defensiva, andando y pegando cabezazos; y el cuarto, reservón, bronco y con peligro.
Y a los dos les sacó muletazos increíbles a base de la mejor técnica y de muchos arrestos. Sólo Ponce es capaz de ponerse delante de los dos, intentar pegarle pases y pegárselos. Fueron muletazos increíbles sobre la base de la mejor técnica –atacando casi siempre en corto, llevándolos muy tapados–, y los arrestos, puesto que había que tragar una barbaridad.
A Castella le respetaron más, aunque tampoco se salvó de la recomendación de ¡córtate el pelo! Su primer toro, aun siendo manso y saliendo distraído de las suertes, fue de los pocos que se dejó algo.
El francés acertó en los toques para tenerlo siempre fijado, y acertó en la distancia corta, donde más y mejor se movía de Alcurrucén. Hubo pases por la derecha, por abajo y con enjundia. Por un momento dio la sensación de triunfo, mas faltó enemigo –que terminaría buscando la querencia– y sobre todo contundencia con la espada. El quinto fue toro vacío.
Morenito de Aranda contó con el lote más colaborador y se justificó. Tuvieron muy buena compostura sus dos faenas, sobre todo la primera, aunque ninguna de las dos llegó a romper. Y destacó sobremanera en el toreo de capa, lo mismo en el recibo a su primero que en un quite al último. Quede constancia de que también pegó muletazos buenos sueltos, y que bordó los remates de serie, sobre todo los cambios de mano por delante y los de pecho. En los dos trasteos se echó de menos, sin embargo, la profundidad. Quizás tenía que haberse despeinado más, por ejemplo, como Ponce.