Hemeroteca :: 21/03/2008
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SALAMANCA

Acto central. La hermandad realizó la trilogía de Las Isabeles pasadas las dos de la madrugada

Última actualización 20/03/2008@22:40:41 GMT+1
EVA CAÑAS

De nuevo, la promesa de silencio marcó el inicio de un desfile procesional, esta vez el del Cristo Yacente y de la Agonía Redentora, en el Atrio de la Catedral frente a una de sus imágenes: “¿Prometéis guardar silencio durante todo el recorrido de la procesión?, a lo que contestaron, “Sí, prometemos”. Respecto a su posterior cumplimiento, el responsable de pronunciar el juramento apuntó “que el Señor os lo premie y si no, que os lo perdone”.

Una vez concluida la promesa, el Cristo de la Agonía retornó al interior de la Catedral pero minutos después, los altos capirotes de la Hermandad del Cristo Yacente comenzaron a salir del templo. En primer lugar, un grupo de hermanos que portaban cuatro faroles de plata y una cruz de guía. Algunos metros detrás, otros cargaban un incensario de plata encendido, que impregnó la plaza de Anaya del característico aroma del incienso.

Un lejano redoble de tambores, que procedía del interior de la Catedral, anunciaba la salida del Cristo de la Agonía Redentora, decorado con claveles rojos. Los miembros de la banda de la hermandad realizaban el acompañamiento musical.

El segundo de los pasos de la hermandad, el recién restaurado Cristo Yacente, cerraba este desfile en una noche gélida ya de Jueves Santo. Cientos de personas se agolparon en la plaza de Anaya para contemplar la salida de la marcha.

Pero el acto más emotivo tuvo lugar en Las Isabeles cuando los relojes de la ciudad marcaban las dos de la madrugada. En ese instante, el Cristo de la Agonía Redentora se reencontró con los moradores de su primera sede salmantina, las monjas de clausura del convento.

Como ya es tradicional, se leyó la poesía dedicada a este Cristo: “¡De tanto mirarte a ti, a la luz de este crucero!… Oh! ¡Cristo de la Agonía, gracias por no estar muerto!”. Una de las hermanas del convento de Las Isabeles recordó al público allí presente que las imágenes de la Pasión, “son el rostro de Dios, no sólo bellas tallas”. Asimismo, pidió al Señor por todos los hermanos de la cofradía, “por su sacrificio”. La trilogía de la Pasión se cerró con una canción interpretada por las monjas: “Perdona a tu pueblo Señor...”. Después, los hermanos cargaron de nuevo los pasos y comenzó el regreso a la Catedral.
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