Hemeroteca :: 22/10/2007
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PROVINCIA

Artesanos de la cultura charra

Última actualización 22/10/2007@00:00:00 GMT+1
Jamás se imaginaría haciendo otra cosa. Eso es al menos lo que se desprende de la forma en la que habla de un negocio al que lleva dedicándose la mitad de su vida.
Lorena Lago José Luis Manjón es uno de los pocos artesanos que mantiene su taller de mimbre abierto en Villoruela, un pueblo de gran tradición en este arte que ha sufrido en los últimos tiempos la llegada de fábricas que han convertido en masificada su producción. Una producción que a nivel particular se ha reducido hasta, como afirma José Luis, dejar de existir en favor de estos centros fabriles. Y es que como este villoruelense asegura, el negocio se ha visto perjudicado porque la baja rentabilidad del mismo hace que ya nadie quiera dedicarse a ello. “Son muchas horas las que dedicas a una sola pieza para luego no sacarle casi dinero. Por este motivo muchos artesanos dejaron el oficio y los pocos que seguimos en él tuvimos que amoldarnos a los nuevos tiempos, por lo que empezamos a trabajar para grandes industrias que se instalaron por esta zona. Sin embargo no es tan malo como parece porque así nosotros nos evitamos pensar en cómo dar salida a los productos y nos limitamos únicamente a trabajar, que es lo nuestro”. Verle trabajar es una auténtica delicia. Sus manos se deslizan sobre un material frágil en apariencia, pero que mojado resiste cada pequeña envestida. “Aunque parece que el proceso empieza aquí, antes de hacer las piezas el mimbre ha sido tratado. Hay dos maneras diferentes de hacerlo. En Cuenca, de donde yo lo traigo, utilizan la dos. Allí se encargan de cortarlo, tallarlo, humedecerlo y ‘empozarlo’, que es como llamamos a quitarle la cáscara. En el segundo de los casos lo cortan, lo dejan secar, lo meten en balsas y o cuecen para pelarlo. De esta forma el color varía dependiendo de uno u otro tratamiento”. Es entonces cuando comienza el trabajo de José Luis. “Selecciono la cantidad de mimbre que necesito dependiendo de la pieza solicitada y sobre unos bastidores, que son la base de toda obra, comienzo a trenzar el mimbre. Una a una, de lado a lado y de arriba hacia abajo, se van enraizando las varas . En ocasiones si la vara es corta se utiliza una nueva sin utilizar productos de empalme. Simplemente se corta el resto de vara sobrante . Todo es natural y sobre todo muy artesanal”. A pesar de ello es increíble la rapidez con que termina cada obra. “Normalmente en los sillones tardo unas siete horas y en tresillos alrededor de tres”. Un escaso tiempo en el que dice no logra encariñarse con ellas, al contrario de lo que ha hecho con la profesión que le vio nacer y que desde los catorce años ejerce.
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