SALAMANCA
REPORTAJE
Última actualización 08/10/2007@00:00:00 GMT+1
Son las doce del mediodía y el colapso habitual en los accesos a La Aldehuela comienza a hacer su aparición. Con el caos, una serie de personajes se frotan las manos mientras se despliegan en perfecta armonía por las zonas habilitadas para aparcar en torno al rastro de los domingos.
Tribuna
Tras dar una vuelta por el recinto, contamos hasta siete de estos recaudadores del ‘impuesto revolucionario’ por estacionar, algo que por Ley es gratuito en La Aldehuela. Para desilusionar al que los bautizó como ‘gorrillas’, los encontramos ataviados de múltiples maneras: en chandal, en vaqueros y sudadera, con pantalón de traje y hasta con americana de sport. Pero si algo los caracteriza es el perfecto órden en el que ‘trabajan’. Coordinados por dos ‘jefes’, cambian de sector según se cada uno; o bien apoyan a un compañero cuando comienzan a salir los vehículos para ayudar a aparcar a nuevos incautos. Adaptados a las nuevas tecnologías, se comunican entre ellos –además de con el clásico silbido–, con teléfonos móviles e, incluso, con dos ‘walkie talkie’, presuntamente reservados para los coordinadores de esta ‘empresa’ de la coacción. Uno de ellos, el más relajado, se ocupa de vigilar los accesos a la avenida principal, en busca de una Policía que no aparece en la hora que pasamos observando el funcionamiento de esta mafia. De media, cada uno de ellos recibe en apenas sesenta minutos ‘propinas’ de unos veinte conductores, abocados a pagar un euro o exponerse a sufrir por la seguridad de su vehículo durante toda su visita al mercadillo dominical.
Pero no todo es tranquilidad. En apenas unos minutos, dos ciudadanos discuten acaloradamente por un hueco en la maraña de coches. Al parecer, el primero reclama su sitio porque le prometió a uno de los ‘gorrillas’ dos euros si le guardaba el aparcamiento mientras iba hasta una rotonda y cambiaba de sentido para poder estacionar. El segundo, que lógicamente no entiende nada, termina cediendo ante la presión de un segundo ‘gorrilla’ que se sitúa estrategicamente junto al causante del lio. Tras cobrar lo estipulado al primer conductor, el que acudió en auxilio de su compañero –novel en estas lides– le da consejos a éste sobre cómo actuar en estos casos. “Tu deja que se peguen ellos, dice, no te metas nunca”, le reprende. Mientras, los asistentes exponen en voz alta la vergüenza que les produce esta situación, repetida cada fin de semana. “La Policía, si viene, se hace la sorda ante esto, lo mismo que con los manteros”, apunta un ciudadano mientras se sube a su coche. Nos confirma que, una hora antes, le entregó 50 céntimos a un ‘gorrilla’ para ‘validar’ su estacionamiento. Es el salario del miedo.