TOROS
Torerías. Paco Cañameno
Última actualización 12/08/2007@00:00:00 GMT+1
Con la provincia en fiestas y los toros como estrella de los programas, en la tarde del viernes ‘caía’ herido en Saucelle un muchacho que empieza a brotar en el arte del toreo. Se llama Ricardo Maldonado y aunque es nacido en Valladolid, al igual que sucedió hace años con Leandro Marcos, se ha hecho en la Escuela de Salamanca.
El festejo donde resultó herido Maldonado es de los considerados de promoción. De los que organiza la Escuela de Tauromaquia en los pueblos que se acogen a sus ayudas para que toreen los becerristas que despiertan las primeras ilusiones. Así sucedió con Maldonado en su primer novillo, al que toreó con gusto y finura. Luego, en su segundo, cuando mejor se encontraba se le coló y lo corneó de gravedad en lo que fue su particular ‘bautismo de ‘sangre’.
Entonces llegó el nerviosismo que se produce en estas situaciones. Carreras de un lado para otro, tensión entre los familiares, voces de los peones, hasta que un médico rubio alzó su voz sobre la mesa de la tranquilidad para poner su sabiduría en la salvación del becerrrista.
El médico se llama Luis Carrasco y es el particular ‘angel rubio’ de los toreros gracias a sus sabias manos que han curado heridas muy graves, además de llevar la tranquilidad a los hombres que se visten de luces, que cuando observan en la tronera de los médicos su silueta se sienten imantados por el don de la seguridad.
Porque nunca pierde detalle del festejo, siempre con su porte distinguido y aspecto de galán. Con su seriedad, pero sobre todo esa sabiduría que lo ha convertido en uno de los más fieles herederos de la magnífica escuela de cirujanos taurinos que ha habido en Salamanca. Porque, Luis Carrasco, siempre supo beber en las fuentes de un galeno de leyenda como fue el doctor Medina; o posteriormente el doctor Ortega, a quien tanto admira y siempre le da trato de maestro.
Ahora, en la particular hoja de servicio de Luis Carrasco el último torero en escribir su nombre es Ricardo Maldonado, pero antes hay otros muchos, algunos de fama, que siguen volando por los ruedos gracias a su sabiduría. Como también sucede con decenas de jóvenes que un día cayeron herido en festejos populares y mientras se le iba la vida a borbotones, llegó Luis Carrasco para salvarla, siempre con su generosa alma de ‘ángel rubio’ de los toreros