LOCAL
Ventajas e inconvenientes de la implantación del gigante comercial
Sólo ventajas. Cree que la llegada de la firma comercial atraerá clientela y que los altos precios de sus productos permitirán que el pequeño comercio afine con más libertad las ofertas
Última actualización 22/03/2007@00:00:00 GMT+1
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| Los pequeños comerciantes de la zona se frota las manos con la llegada de la firma comercial. En la imagen, la avenida de Federico Anaya / (Foto: Perelétegui) |
Estoy deseando que venga El Corte Inglés. No le tenemos miedo», explicaba con tono de sentencia el responsable de una joyería de la avenida de Federico Anaya para zanjar el debate abierto sobre la conveniencia de la implantación de la firma comercial en la capital por las ventajas e inconvenientes que sufriría el pequeño y tradicional comercio próximo al cuartel Julián Sánchez ‘El Charro’. El ánimo que transmitía el comerciante es representativo del sentir general en los comercios consultados por este periódico.
Alejandro R. L.
¿Cómo valora la llegada de El Corte Inglés? Tres puntos sintetizan –como denominador común– las respuestas de los comerciantes de Federico Anaya y de las calles anexas. Punto uno: El Corte Inglés va a generar más actividad en la zona y, por lo tanto, traerá más clientela. Punto dos: El Corte Inglés es un centro con productos caros, a precios cerrados, situación propicia para que el pequeño comercio pueda jugar con los descuentos. Punto tres y conclusión: En ningún caso El Corte Inglés se presenta como un competidor.
Desde una zapatería hasta un ultramarinos, pasando por una joyería y una tienda de ropa. Diversos perfiles de comercios, con diferente incidencia en el ciudadano, para concluir que esperan la llegada de El Corte Inglés como agua de mayo y para constatar los celos enconados con los comerciantes de las arterias de la capital adyacentes a la Plaza Mayor. «Es que el centro se había llevado todo el meollo hasta ahora», insistía una mujer, para saludar la llegada de la gran superficie a un barrio «al que hasta ahora le había dado la espalda la Cámara de Comercio», resaltaba el dueño de una tienda de ropa.
Pero, entre el nutrido grupo de argumentos aportados y que daban forma a las ventajas, y los escasos o nulos inconvenientes, otro joyero perfilaba las principales líneas de actuación cuando el centro abra sus puertas. Un ejemplo de pragmatismo. «Creo que la clave será especializarse», sostenía, «para hacer frente al ingente volumen de género que ofrecerá, porque, ante eso, nada se puede hacer». El trato humano dispensado y el diseño con un toque original y exclusivo –en la mayoría de los casos– representan el valor añadido con el que cuentan los pequeños comerciantes ante el próximo vecino y de proporciones mastodónticas.
Muestra de la consabida revalorización de los locales y pisos de la zona es una zapatería de Federico Anaya. El cartel ‘Se traspasa’ cuelga del escaparate desde hace semanas, la dueña ha recibido varias ofertas hasta la fecha, pero «aún me queda mucho género por dar salida, como puedes observar», matizaba, al tiempo que explicaba, con buen ojo, que prefiere dilatar la venta del local y esperar a que el proyecto vaya cogiendo forma «porque el local multiplicará su valor».
Mientras, la situación de los comercios de las calles adyacentes a Federico Anaya dibuja un panorama más desolador porque temen «ser olvidados al quedar más apartados del radio de acción».