TOROS
Almería
Última actualización 10/01/2007@00:00:00 GMT+1
Llegamos a la villa armera de Éibar poco después de romper el alba, en una plácida mañana de finales de junio. A esas horas, la numerosa gente que aún permanecía por la calle –pues la localidad celebraba sus fiestas– esperaba el comienzo del partido de la Selección Española frente a la de Corea en el Mundial de Japón. Se trataba de un choque que acabó convirtiéndose en un robo contra los intereses españoles, después de que un árbitro llamado Al Gandhur se erigiera en el triste protagonista. En Éibar, el adiós del combinado español en el Mundial estimuló a los jóvenes ‘abertxales’ para saciar sus iras y gritar «¡España, si te ha ‘ganao’ Corea, jódete!».
Paco Cañamero
Mientras, al hotel Arrate comenzaban a llegar las cuadrillas de los toreros que actuarían por la tarde en el lujoso festival programado como homenaje a Ignacio Zuloaga, el pintor eibarrés que plasmó en sus telas a la más granada torería de principios del siglo XX, como Juan Belmonte, a quien inmortalizó en el más famoso de sus retratos.
Cartel de arte
Toreaba el maestro Curro Vázquez, quien a final de temporada se despediría del toreo en la plaza carabanchelera de Vistalegre. Por ese motivo, en aquella última temporada como profesional, acudíamos a prácticamente todas sus actuaciones (donde toreó muchas menos veces de las que el maestro hubiera querido). Con él compartían cartel David Luguillano, Javier Conde, un novillero de Éibar llamado Sánchez Fariñas y el salmantino Pedro ‘El Capea’, que comenzaba sus primeros pasos en el toreo.
En la cafetería del hotel, junto al Niño de la Capea, que comenzaba a sufrir viendo cómo su hijo iniciaba la dura lucha de los ruedos, no se separaba un hombre menudo, de piel surcada por infinidad de arrugas y tez morena. Era un personaje peculiar, pintoresco; taurino viejo, de los de guayabera y peine en el bolso superior, quien además estaba pendiente de todos los detalles. Apuntaba un teléfono, después corría a recepción para hacer una llamada, volvía... donde evidenciaba un carácter tan inquieto que a veces , con tanta actividad, se parecía a Gonzalito, el histórico mozo de espadas de Curro Romero.
En el hombre, que ya estaba entrado en años, había algo que llamaba la atención y es que según llegaban los taurinos de más solera, éstos se dirigían a él, para saludarlo con el máximo de los respetos.
Se trataba de Rafael González ‘Chabola’, un taurino riojano que meses antes había regresado definitivamente a su patria tras permanecer durante más de cuatro décadas en México.
En México entre otros cargos vinculados con el toreo, el más importante que desempeñó fue el apoderamiento de Pedro Gutiérrez Moya ‘El Niño de la Capea’ en esas tierras, desde 1985, hasta 1995, cuando se despidió, en la tarde triunfal que cortó su último rabo en la gigantesca plaza del Paseo de Insurgentes.
Precisamente, Chabola fue el apoderado en la época más importante de Capea en territorio azteca, donde escribió su historia como uno de los toreros españoles que gozó de más cartel en esas tierras de ultramar. Con Chabola como apoderado, cortó varios rabos en La México.
Volver a su casa
Aquel día, mientras el disgusto de la mayoría era evidente (toros y fútbol comparten muchas veces al mismo público), hablamos un largo rato con Chabola después de que el mismo Capea nos lo presentara.
Fue en una amena conversación donde entre otras muchas cosas hablamos de la gran época de Paco Camino en ese país, también de aquel torerazo mexicano que fue Manolo Martínez, de los Armilita o del gran periodista madrileño, exiliado en México, que se llamó Pepe Alameda. Pero después, Chabola, siempre decía que cuando apoderó al Niño de la Capea, fue cuando vivió su época más feliz como hombre de negocios taurinos.
Instalado otra vez en España, durante estos últimos años era posible verlo en diversas plazas o detrás de algún asunto que le hubieran encargado. Así hasta que ayer, en Almería, se apagó definitivamente su vida cuando contaba con la edad de 80 años. Aunque como viejo guerrero del toreo, ahora organizaba un festival benéfico para ayudar a los afectados del Alzheimer.