TOROS
Última actualización 30/12/2006@00:00:00 GMT+1
Quedamos en el céntrico y taurino restaurante ‘El Mesón’ al filo del mediodía de una jornada navideña. Nada más entrar, ya se encuentra allí don Alipio, quien departe con varios amigos que le felicitan las Pascuas, a lo que él responde con atención, pues se trata de un hombre querido y llano.
También de gran corazón, que camina por el mundo con una sonrisa y allá donde va recoge el fruto del afecto después de sembrar en las besanas de la bondad
Don Alipio, ¡está usted hecho un pincel!
Bueno, bueno, sí, aunque ya pesan los años.
¿Si no es una indiscreción, cuántos tiene?
Ahora mismo 85, lo que sucede es que ando un poco flojo del oído y muchas veces no me entero. Luego, me compré un aparato para ver si se arreglaba lo del oído, pero si me lo pongo no respiro y eso que me costó 300.000 pesetas. Así que me tengo que quedar como estoy.
Bueno, para lo que hay que escuchar a veces...
Ya, pero yo prefiero escuchar.
¿Usted es el decano de los ganaderos de Salamanca...?
Casi. Están por encima de mí, mi primo Antonio, el de San Fernando y también mi hermano Fernando.
Pero lo llaman ‘el jefe’, ¿no?
Sí. Eso surgió hace años cuando nos juntábamos en Vecinos, en casa de Pacheco con Julio Robles antes de tener la cogida en Francia. Entonces, como yo era el de más edad pues me empezaron a llamar ‘el jefe’, cariñosamente. Además como venía de Julio, al que yo quería tanto era un honor para mí.
Entonces, ‘jefe’ ¿cómo ve ahora el toreo desde el teso de su vida?
Son otros tiempos. Está todo muy cambiado, pues estamos en el siglo XXI y se ha encarecido mucho el espectáculo. También el toro no es el mismo y eso ha proporcionado que la gente vaya mucho menos a la plaza. Además, se programan muchos corridas en sitios que no se deben dar.
Mójese un poco, ¿en qué sitios?
Pues muchas ferias que no tienen demanda más que para una dos corridas, no pueden dar cuatro o cinco, como ha pasado estos años. Ni en muchos pueblos, con todos mis respetos, pueden programar corridas; luego pasa lo que pasa.
¿Qué pasa?
Una corrida es algo muy serio y cuando se programa tiene que tener toda su grandeza y consecuencias. Luego embestirá o no, pero la tarde de toros, antes de acudir a la plaza debe tener toda la grandeza de esa arte. Y otra cosa que se debe cambiar, ¿sabes cuál es?
¿Cuál?
La comodidad de las plazas. No es normal que en el siglo XXI para presenciar un espectáculo tan caro, uno se tenga que sentar sobre una piedra y tener las rodillas clavadas en la espaldas del vecino de delante. Hay que acabar con esa incomodidad, a estas alturas de la vida no es normal.
También el toreo ha evolucionado...
Bueno, ahora se torea muy bien. Hay mucha técnica, pero todo se basa en dar 20 muletazos con la izquierda y 20 con la derecha. Lo demás no importa, por lo que se ha perdido muchos valores de los mayores.
¿Cómo por ejemplo?
Yo echo mucho de menos los tercios de quites. Era lo más vistoso de una corrida y ahora no los ves ni en sueños. Además antes los peones paraban el toro, que era una de sus misiones y luego ya iba el matador. Recuerdo a El Boni o a Platerito, dos peones de lujo, o a Migueláñez, que toreaba a una mano de manera superior. Y sin embargo ahora está todo está muy cambiado, pero era más bonito antes.
¿Y del toro qué me dice?
Se ha perdido emoción, que es una de las bases principales de la Fiesta, al querer buscar un toro para la muleta. Ahí tenemos la culpa los ganaderos que hemos hecho un toro igual unos a otros y ahora se está pagando. Lo peor es que importantes encastes están a punto de perderse.
¿Usted es propietario de dos encastes, el de Atanasio y de Santa Coloma, ¿cuál en su preferido?
El de Santa Coloma, siempre.
Pues a los toreros de ahora le hablan de Santa Coloma y salen corriendo.
Es el toro ideal, el que más llega al público, el que mejor transmite y un triunfo con esos toros tiene más mérito, pues hay que hacerles las cosas bien. No se le puede dudar. Los Santa Colomas descubren a los buenos toreros y a los malos los dejan en evidencia.
¿Qué toreros han sido los que mejor han entendido ese encaste?
Los dos que mejor los han entendido, han sido Paco Camino y El Viti. A Paco eran los toros que más le gustaban y obtuvo numerosos éxitos; mientras que Santiago toreó muchos toros de este encaste y con bastantes triunfos.
¡Qué pedazo de torero ha sido El Viti!
Grandísimo en toro, además siempre se preocupó de su tierra y exigió los toros de Salamanca en sus grandes compromisos. Lo que es muy de agradecer.
¡Y qué gran hombre es Santiago Martín!
Magnífico. Un caballero de arriba abajo.
Por cierto, El Viti tomó la alternativa con ‘Guapito’, un toro de su ganadería. Un orgullo para usted, ¿verdad?
Claro, pero además de la alternativa, a la semana se presentó en Barcelona también con una corrida nuestra de Hoyo de la Gitana.
Ustedes han sido defensores de Santa Coloma, pues aunque después compraron otros encastes, siempre permanecieron fieles al de toda la vida.
Cuando se perdió el mercado de Santa Coloma, que fue una barbaridad, para dar paso a un toro con más volumen, entonces para seguir en el negocio y estar en los carteles de las Ferias hubo que adaptarse y por eso se compraron productos de Atanasio, pero dejando lo de Santa Coloma.
Julio Robles también fue muy fiel al encaste Santa Coloma...
Sí, pero concretamente en nuestra casa toreó muchas más corridas de Atanasio.
¿De todos los que conoció cuál ha sido su ganadero modelo?
Los ha habido muy buenos, pero Carlos Núñez para mí fue el mejor, pues hizo una magnífica ganadería. Y la mantuvo, fíjate ahora lo de Núñez lo bueno que sale.
¿Y de los de aquí?
Muchos, pero no te voy decir nombres, pues en esta tierra somos muy quisquillosos y si se te olvida uno sin querer, ya está liada. Se sienten dolidos los que no se citan. Y por eso, ya sabes apunta a todos.
Venga, dígame uno.
Bueno, hoy los Fraile están muy arriba porque son muy buenos aficionados y han sabido adaptarse a los nuevos tiempos.
¿Y estos que se hacen ganaderos a fuerza del dinero del ladrillo o de otros negocios, también los apuntamos?
No. Ese oficio debe ser vocacional y tenerlo como negocio, si el objetivo es únicamente para verte en los carteles, pues cerca vamos. En ese aspecto sobra figuroneo.
(A don Alipio le gusta pensar la respuesta antes de hablar; mientras saborea con verdadero placer un cigarro. Otras veces pierde la mirada por los elementos decorativos del Restaurante ‘El Mesón’, un establecimiento muy vinculado a su familia, pues cuando se inauguró, en 1947, su padre, don Alipio Pérez-Tabernero Sanchón fue la primera persona que firmó en el libro de honor. Luego, medio siglo más tarde, al celebrar las bodas de oro, en el nuevo libro de honor, la primera persona que firmó fue el actual don Alipio, protagonista de lujo de esta entrevista)
¿Quién fue el torero que más le apasionó?
Manuel Rodríguez ‘Manolete’, de los más grandes. Un mito del toreo.
¿Lo conoció mucho?
Sí, claro y me marcó mucho, pues estuvo casi un mes entero en nuestra casa y siempre estábamos juntos. Fue en aquella temporada donde únicamente toreó en España la corrida de La Beneficencia. Recuerdo que todos los días toreábamos dos o tres becerras y yo me fijaba en él, en la forma de citar, de estar delante. Recuerdo que en el campo no le gustaba torear con el capote.
¿Cómo era Manolete?
Un hombre muy serio, con una afición desmedida y torero siempre.
¿Qué otros toreros lo marcaron?
Otro genio que se llamó Joaquín Rodríguez ‘Cagancho’, el gitano. Toreaba de capa que era un primor y mataba muy bien, algo raro en los gitanos y sobre todo en él, que tenía muchísimo miedo.
¿Cuándo conoció a Cagancho?
Desde que yo era niño y él venía a nuestra finca de Matilla a tentar. Luego, ya después, lo traté mucho cuando vino con su hijo, que también quería ser torero. Siempre admiré muchísimo a Cagancho, ese empaque, aquella clase y con la capa ha sido el no va más.
Siempre los gitanos han toreado muy bien de capa...
Sí, fíjate Cagancho, un fenómeno. Curro Puya, un genio, como también lo fue su hermano Gitanillo de Triana. No dejes atrás a Rafael Albaicín, ni a Salomón Vargas, que no llegó a mucho, pero era buenísimo. Y más recientemente a Rafael de Paula. Todos son gitanos y unos magníficos toreros de capa.
¿Cuál es el momento que se debe torear a un toro bien de capa?
Después de la suerte de varas, en el momento de los quites. Por más que digan, de salida a un toro nunca lo puedes torear bien, tiene que ser cuando está ahormado y eso es después de la suerte de varas.
Aparte de Manolete, de Cagancho y los demás gitanos, ¿quién le gustó después?
Ordóñez mucho, muchísimo, ese empaque, también toreaba muy bien de capa y tenía mucha plaza. Después, El Viti, que con la izquierda ha sido un fenómeno y también he seguido mucho a El Capea, que ha sido otro gran torero. Además, Santiago y Pedro son dos grandes amigos.
Hoy algún torero le gustará más que el resto. ¿Por quién saldría corriendo ahora mismo si lo ve anunciado en un cartel?
Mira, me gustan todos, pues el buen aficionado es al que más toreros le caben en la cabeza. De los de Salamanca, tampoco no te voy a dar nombres, pero ahora mismo hay un torero que he visto muy bien.
¿A cuál?
Al hijo de Manzanares le he visto tres corridas y me ha encantado. Además es muy completo con capa y muleta.
Además de nacer en unas de las casas ganaderas más importantes de Salamanca, pues su padre fue nada menos que don Alipio Pérez-Tabernero Sanchón, en su juventud fue novillero, ¿quiénes fueron sus compañeros en los carteles?
Antonio Ordóñez, Manolo Vázquez, Jumillano, Pedrés... y aquellos de los principios de los 50, que fue una época muy importante.
¡Vaya plantel! ¿Por cierto es verdad que Antonio Ordóñez era arisco con los compañeros?
No. Es más, el día que toreé con él por primera vez, que fue en Barcelona, hasta me prestó sus espadas, pues decía que las mías no estaban bien.
¿Con qué más compañeros le gustaba torear?
Con todos. Con el que me anunciaran, pero especialmente me gustaba mucho torear con Jumillano, pues además éramos paisanos. Jumillano fue un torero que destacó, que fue figura, que siempre defendió a Salamanca y que no le han hecho justicia.
Un gran hombre Emilio.
Buenísimo y no veas qué gran torero ha sido y sin embargo, Salamanca no se ha portado como él se merece. Yo cuando pienso en eso y me acuerdo me da una rabia tremenda.
En su época no era muy frecuente que los ganaderos se profesionalizaran como toreros, ¿cómo fue su caso?
No, ya empezaban a querer ser toreros. Aquí en Salamanca toreaban muchos y fueron matadores mi primo Juan Mari y Luciano Cobaleda. En mi casa toreábamos todos los hermanos y uno de ellos, Fernando, que es mayor que yo, ha sido de los que mejor he visto torear de capa. ¡Qué bien lanceaba!
¿Porqué no tomó usted la alternativa?
La iba a tomar y estaba todo previsto, el cartel, todo. Pero una lesión en el talón de aquiles lo impidió. Y me quedé con las ganas.
Tendrá infinidad de anécdotas de entonces, ¿no?
Claro, entonces el toreo era más serio. No se andaban con esos besos antes de hacer el paseíllo, ni tanto compadre. Recuerdo que en mi debut con picadores en Málaga toreaba con un novillero que se anunciaba Nacional y estaba muy gordo, Entonces, al ir a hacer un quite me dijo: «Voy a acabar contigo». Aquello me arrancó y le contesté: «Tú con los gordo que estás donde vas a acabar es en el matadero». Luego, lo que son cosas, al domingo siguiente toreábamos en Barcelona y al pobre le pegaron una cornada tremenda. No veas cómo sangraba.
Cambiando de tercio, qué diferencia de los inviernos de su época a los actuales...
Claro, antaño después de la tienta, cuando llegaba la hora de la merienda se hablaba de toros, de cómo habían sido las vacas, de la temporada. Y se aprendía mucho, pues se cambiaban muchas impresiones. Además, en invierno y antes de comenzar la campaña, los toreros se pasaban semanas enteras en las fincas. Recuerdo a los Bienvenida, en casa de Graciliano, a Barrera, en la nuestra... Y así, en todas. Luego se perdió y ahora van y vienen corriendo, sin parar nada, todo con muchas prisas, cuando ser torero es andar despacio. Sin tensión, ni rapidez.
Ahora, también, como los toreros están todo el día con el móvil en la oreja se olvidan de otras cosas, ¿qué le parecen los móviles?
Para mí ese invento me ha supuesto ahorrar mucho dinero.
¿Y eso?
Mira, antes se acababa el tentadero y los taurinos salían corriendo al teléfono, sin reparar en el gasto que estaban haciendo. Recuerdo un día que Victoriano Valencia se lió a llamar a América y estuvo hablando dos horas. A las pocas semanas, cuando llegó la factura no veas qué ganas tenía yo de reírme.
¿En su larga vida de aficionado, qué ha sido lo mejor que ha visto en una plaza de toros?
Una estocada de Pepe Bienvenida a un toro ‘colorao’ en Madrid. Fue en la suerte de recibir y la hizo como se debe hacer, no al encuentro que es como llaman ahora a la suerte de recibir. Aquello me encantó por la pureza y la ejecución de la suerte.
¿Y con los telas?
Unos lances de Gitanillo de Triana en el Festival de Las Hermanitas. Fueron memorables y pararon el reloj de la plaza. Se habló durante años de aquellas verónicas y fíjate que hasta Prieto, el fotógrafo de Ciudad Rodrigo tuvo expuestas las fotos de esos lances en el escaparate de Las Torres y, durante muchos días se hacían colas para ir a ver las memorables verónicas de Gitanillo.
Antes hemos hablado de Barcelona, ¿qué opina sobre la posibilidad de que desaparezcan los toros en esa tierra?
Me da mucha pena. Toreé varias veces en esa ciudad, tanto en La Monumental como en Las Arenas, además de lidiar infinidad de veces y es una pena. Pero desde que se murió don Pedro Balañá se ha llevado muy mal la gestión de la plaza. A la afición hay que mimarla, darle lo que le gusta y en los últimos años no se ha hecho. Pero en Barcelona se escarba en el rescoldo y vuelve arriba, pues en cuanto han programado un buen cartel, la gente responde, ¿me entiendes?
Comparto su opinión, ¿qué me dice de la ministra Narbona?
Habla desde el desconocimiento, pero hace mucho daño, sobre todo por la gente que la escucha sin tener un criterio de la Fiesta. Narbona ha hecho mucho daño al toreo.
Pues la ministra tuvo en su padre un buen maestro y no lo aprovechó...
Ya me he enterado es hija de Paco Narbona, lo cual es más grave .