OTRAS
Última actualización 14/12/2003@00:00:00 GMT+1
No por habitual deja de ser sorprendente la cantidad de páginas que dedican los periódicos a mostrar cada día la presentación de proyectos novedosos para nuestra ciudad y provincia. Eso sí, se trata en muchos casos de proyectos que se encuentran todavía en su fase de solicitud, esperando algún programa que los financie, pero en cuya foto podemos ver ya al orgulloso gobernante de turno. En contraposición, hay que constatar el escaso número de noticias en las que se muestra alguno de esos planes finalizado y completo, en donde podamos apreciar si se alcanzaron todos esos éxitos de los que por adelantado ya se vanagloriaron algunos, y en donde se repartan responsabilidades, que no silencios, por los fracasos. Subrayo que me estoy refiriendo a proyectos completos y en total funcionamiento, no a espectáculos como la apertura de la parte de una parte de lo que dentro de unos años será una autovía acabada, porque es que de un tiempo a esta parte, la gestión de algún ministro se tendría que medir no en ‘kilómetros inaugurados’, sino en las ‘inauguraciones por kilómetro’ que realiza.
La cuestión es que, cada vez más, uno tiene la sensación de que se están dedicando grandes esfuerzos a explicar lo mucho que hacen por nosotros algunos políticos, y muy pocas energías a mostrar la realidad de lo que ocurre. Parece que lo importante no es resolver los problemas, sino que no se hable de ellos, que queden ocultos bajo una montaña de propaganda, haciendo que todos nos sintamos viviendo en un mundo feliz.
Precisamente, hace unos días nuestro alcalde ha contribuido a esa sensación de anestesia de la realidad cuando nos ha explicado un inquietante proyecto por el cual vamos a conseguir vivir en una ciudad virtual, en la que las personas podrán beneficiarse de las ventajas de lo digital, hasta el punto que Salamanca quedará al mismo nivel que ciudades como Lisboa, Ottawa y Kioto. Y lo ha dicho en serio... ¡Ojalá fuera así! De momento, a algunos nos parece que la Salamanca en que vivimos es ya una ciudad digital y virtual, pero en otro sentido muy distinto, más cercano al que le daban los clásicos latinos a esos adjetivos: ‘digitalis’ y ‘virtus’.
Me refiero a esa ciudad donde el ‘digitus’ de algunos se utiliza para decidir, por ese método popularmente conocido como ‘a dedo’, dónde hay que situar a algún amigo o donde hay que hacer algún apaño. Desgraciadamente, de esa Salamanca digital sí que nos encontramos últimamente más de un caso, que no por esperado debería dejar de escandalizarnos. Ahí están las últimas modificaciones urbanísticas, donde a falta de otro criterio parece que un dedo ha señalado aquí sí y aquí no, dónde y cómo se puede edificar.
Un dedo que sirve también para situar en un buen empleo a algún antiguo compañero de Corporación venido a menos, o para colocar a la familia de algún colega de partido en alguna Administración Pública, que para eso ciertas clases son las mejor preparadas (Presidente dixit). Por no hablar de esos profesionales que, actuando con dudosa profesionalidad, consiguen que el dedo soberano les impulse a puestos superiores. O de esos altos cargos que logran prebendas para sí mismos, incluso alcanzan alguna insospechada designación, aunque eso les suponga cambiar de carné, porque el mágico dígito del poder no les alcanza si profesan según qué ideología. Y estamos hablando sólo de lo que se ha publicado en los periódicos últimamente, ante lo cual uno siempre le surge la duda: ¿cuánto más habrá que no se sepa?
Tampoco falta en Salamanca la ‘virtus’, una virtud en la que algunos terminan convirtiendo su necesidad de encontrar coartadas ante sus propios errores. Así, cuando las obras son injustificadamente interminables, es por la virtud de nuestros gobernantes que tanto trabajan mejorando la ciudad. O cuando se alega que es una maravillosa virtud encontrarnos entre las provincias con más obras en marcha. ¡Pero si en las demás ya las acabaron hace años! Por otro lado, tenemos a ciertos políticos con la ‘helmantica virtus’ de encontrar en todo dato negativo algún recóndito motivo para sentirse orgullosos de sí mismos y declarar su propia gestión como un hecho histórico, como si haciendo de lo obvio una verdad trascendente se pudiera esconder su ineficacia.
Por ejemplo, si estamos entre los lugares con mayores índices de paro, seguro que hay alguna recóndita comparación de cifras que demuestra lo bien que nos va. Si el tren de alta velocidad no llega, es en virtud de que nos va a llegar el de velocidad alta. Y lo mismo ocurre en el Ayuntamiento de Salamanca, donde la concejala de Economía ya casi nos tiene convencidos de la virtud que representa funcionar con unos presupuestos prorrogados. A ver si va a ser verdad, y es que algunos no nos queremos enterar.
¿Y qué me dicen de esa habilidad para construir una realidad virtual capaz de ensombrecer cualquiera de nuestros problemas cotidianos? Ahí tenemos todo lo acontecido en el año 2002, un magnífico año cultural que nos ha dejado varios edificios con los que algo habrá que hacer y que, como dijo un concejal del equipo de gobierno: no hay que creerse que en Salamanca todo va a ser como en el 2002, porque aquello fue espejismo. Si es que a veces a ellos mismos se les escapa.
En fin, les concedo que piensen que soy un exagerado, incluso que digan que me mueven intereses políticos. Pero por favor, piensen. Piensen dónde vivimos, piensen en la Salamanca que tienen en su calle, la que ven a diario en su barrio. Luego, vean lo que les cuentan algunos políticos, y respondan ustedes mismos: ¿no les parece que ya vivimos en una ciudad virtual/digital?