OTRAS
Ex Cátedra. Antonio Casado
Última actualización 22/09/2005@00:00:00 GMT+1
Es verosímil el descarrilamiento del proyecto de ‘Estatut’ en su tramo catalán, sin haber llegado a saber si el Congreso lo hubiera admitido o no a trámite. La prueba está en las especulaciones sobre un eventual adelantamiento de las elecciones autonómicas en Cataluña. Éstas han empezado a aparecer en los análisis de las distintas fuerzas políticas, pero ni siquiera en eso están de acuerdo. No digo entre ellas, sino en el seno mismo de cada una. En teoría, sólo le podría convenir el adelantamiento a CiU y al PP. Los nacionalistas de Artur Mas, lo mismo que le ocurre al PP, creen que los socialistas les arrebataron el poder y esperan que unas nuevas elecciones vuelvan a dejar las cosas como antes. Pero no hacen los mismos análisis Mas y Durán, mientras que Pujol, sólo tiene claro que CiU debe impedir que Maragall se ponga la medalla del nuevo Estatuto y, tampoco están seguros de escapar a una posible penalización de los votantes, al aparecer este partido como el causante del fracaso del Estatuto, precisamente con la intención de provocar el adelantamiento electoral. En cuanto al PP, tiene poco que perder y mucho que ganar, pues su posición ha sido claramente contraria a un texto con numerosos supuestos de inconstitucionalidad. Piqué podría hacer una campaña basada en el profético ‘ya lo decía yo...’, pues desde el principio, sin dejar de participar en la ponencia redactora, anunció que el proyecto de nuevo Estatuto estaba condenado al fracaso. Lo de ERC está claro. Sin Aznar en el escenario, perderían esa prima de voto a la contra (a la contra de Aznar, claro) que disparó la cotización electoral de este partido y elevó a Carod Rovira al estrellato en vísperas de las elecciones catalanas. Pero también en esta formación hay diferencias internas. Su secretario general, Puigcercós, no quiere elecciones. Sí las quiere Carod, al que echaron de ‘conseller en cap’ después de su insensata excursión a Perpignan. Quien no quiere elecciones anticipadas es Maragall, presidente de la Generalitat. Lógico. Estaría dispuesto a tragarse sables doblados en el texto del Estatuto a cambio de los votos favorables de CiU, que son los que tienen la minoría de bloqueo en el ‘Parlament’. Pero ahí es donde choca con el PSOE, su partido nacional. Y con Zapatero, que no tiene la menor intención de suicidarse políticamente. Así que, llegado el caso, la cuerda se rompería por Maragall y no por Zapatero, que quiere gobernar España al menos durante ocho años.