Hemeroteca :: 17/09/2005
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TOROS

La crónica Paco Cañamero

Éxito y triunfo. Aun cortando una única oreja, Morante se ganó el corazón de todos los salmantinos (Foto: Perelétegui)

Flores para un torero

Última actualización 17/09/2005@00:00:00 GMT+1
No hay nada más hermoso que la belleza. Ni nada más rotundo que el arte. Ni nada tan definitivo y que pone a todo el mundo de acuerdo como la calidad. Y eso fue lo que hubo ayer en La Glorieta, donde al final, la gente toreaba de salón y preguntaba: «¿Dónde torea el próximo día?».

Y todo gracias a un protagonista llamado Morante de la Puebla, torerazo con letras de oro, que, aunque cortó un solitario trofeo –por el mal uso de las espadas– desde luego que entró definitivamente –y para siempre– en esta tierra. Y entró por los caminos del arte, la torería y esa clase que a nadie deja indiferente y pone de acuerdo a todo el mundo. A ricos y pobres. A enterados y primerizos. Pero sobre todo, los verdaderos aficionados sienten erizar su vello ante esas dos obras de arte, todas con el sello particular de un artista íntegro llamado Morante de la Puebla, el torero de más calidad de un pobre escalafón. El rey de la torería de esta época y quien definitivamente, en cualquier momento va a ser ser coronado como nuevo mesías del toreo de la década y desde luego, heredero legítimo de los grandes toreros de su tierra, como último eslabón de la mítica cadena que forman Belmonte, Chicuelo, Pepe Luis Vázquez, Curro Romero y Morante.

Y es que lo de ayer fue sencillamente genial, tanto que a la salida de la plaza, llegó esa situación donde el personal se siente orgulloso de ser feliz, de explicar esos momentos, de buscar amigos para compartir el éxtasis. Entonces, también, el personal toreaba de salón, mientras se improvisaban conversaciones espontáneas sobre éste o aquel momento de la lidia.

Abierto el compás, mano baja, el pecho de frente y el mentón sobre el hombro, el sevillano fue construyendo su obra en preciosos muletazos, todos ellos caracterizados por un gusto y una cadencia única y personal, sobre todo en unos remates tan personalísimos que hubieran inmortalizado con los pinceles los mismísimos Ruano Llopis o López Canito para darles categoría y esplendor a los carteles taurinos. También, desde luego, que en estos tiempos donde abunda la mediocridad, sus faenas se podrían poner en las escuelas de Tauromaquia. Todo ello para que las nuevas generaciones de toreros tengan un espejo donde se refleja lo auténtico, lo que fue siempre el toreo y la grandeza de este arte, el que nunca muere y el que devuelve la afición dormida en estas épocas donde lo ‘ligth’ que domina casi todos los mercados, hay que mandarlo definitivamente a los infiernos a con obras así. Y por eso, a toreros como Morante de la Puebla hay que darle toda la grandeza que se merecen, pues su labor fue una perfección de principio a fin, como un kikiriki que enjaretó a su segundo toro, que después sacó por detrás y a continuación rubricó con un pase de pecho rematado al pitón contrario. En ese momento, la plaza casi se viene abajo, pues bien es verdad que las dos faenas fueron superiores, pero la segunda todavía con más inspiración.

Idilio que se avecinaba
Morante se ha hecho esperar tanto en esta tierra, que encima como llegó y besó el santo ha conquistado el corazón de todos los salmantinos. En La Glorieta tan sólo había toreado en una ocasión, hace ya mucho tiempo, cuando solamente era una firme esperanza, en unos tiempos que dejaba detalles sueltos de su clase, pero no había dado el aldabonazo definitivo de Sevilla
Aquella tarde, aún no había sido coronado como el rey de los toreros artistas. Después no volvió y se hizo esperar. Unos años por cornadas, otros por falta de entendimiento con la empresa, total que su puesto siempre quedó vacío. Por eso, ha sido tan importante su éxito que, ya lo verán, como ayer fue el día donde nació un largo romance del torero de La Puebla con Salamanca.

Poco me confundo si digo que, a partir de ahora, tras esas dos faenas, si alguna vez en la Feria, a los empresarios no se les ocurra anunciarlo, lo mismo se organiza una manifestación o vaya usted a saber qué sucede. Porque Morante se ha ganado el corazón de Salamanca y sus dos faenas han quedado como un recuerdo imperecedero, que albergará esta tierra con la misma solera y orgullo de sus viejas piedras.

Buena corrida
En fin, que el triunfo fue rotundo. Pero rotundo fue también el juego de la corrida de El Pilar. Una corrida encastada, brava, con codiciosas embestidas. Fue completamente distinta a la del día anterior. Vamos, si la de Capea decíamos que era como una mujer que decía a todo que sí y donde la conquista no tenía importancia; la de ayer fue al revés. La del Pilar era como una hermosa mujer, con mucho arte y poderío, a la que se corteja a base de clase y donde no se puede dudar, ni echar la pata atrás. Y desde luego que cuando se consuma la conquista desde luego que sí es para presumir. Vamos, como si se cortaran las dos orejas.

Por eso Rincón, naufragó en su primero, que lo desbordó y en el otro anduvo a medias tintas. Y Capea, dejémoslo así...
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