OTRAS
A vueltas con España / José Luis Gómez
Última actualización 12/09/2005@00:00:00 GMT+1
En el mejor de los casos, que todos cedan y haya pacto, siempre se echará de menos el juego limpio que hizo posible el Estatut aún vigente
á Al menos seis de cada diez catalanes sienten cansancio, indiferencia, decepción o indignación por cómo se está desarrollando el debate estatutario, según un sondeo que publicó ‘El Periódico de Catalunya’. Es una mala noticia para todos, y que da alas a los sectores más inmovilistas del país, contrarios a la reforma del Estatut, bajo la muletilla de que esas cosas no le interesan a la gente. Si el consenso no resurge y el realismo político no aflora, puede frustrarse una gran oportunidad histórica para Cataluña.
Lo normal, conociendo el carácter pactista de los catalanes, es que las cosas vuelvan a su cauce, pero la verdad es que todos los síntomas son preocupantes. Mientras los ultimátum se suceden, ni siquiera la Diada'de este año se salvó de la crisis política de todos contra todos, incluido el moderado Jordi Pujol.
Nadie ignora que el nuevo Estatut no puede cambiar la Constitución, ya que si lo intentara, el Congreso haría lo mismo que con el ‘plan Ibarretxe’, pero ni CiU ni ERC quieren dar su brazo a torcer, a riesgo de perder electorado nacionalista. Lo más lógico es que pacten ceder ambos a la vez, de modo que Pasqual Maragall pueda reconducir la situación, manejando como hoja de ruta el dictamen del Consell Consultiu. ¿O acaso van a consentir unos y otros que el PP tenga motivos para recurrir al Tribunal Constitucional? Quizá todo sean gestos, es posible, pero los catalanes –y no digamos los demás españoles– empiezan a sentir hartazgo. En el mejor de los casos, que todos cedan y haya pacto, siempre se echará de menos el juego limpio que hizo posible el Estatut aún vigente.