OPINIÓN
Ciudades dependientes
Última actualización 22/01/2009@23:06:57 GMT+1
Existen ciudades que identificamos de inmediato por su actividad principal. Así ha sido siempre. Las hemos transformado en iconos simplificados; etiquetas de sí mismas. Si su actividad tiene que ver con el mundo de la empresa, la innovación y las economías de escala, no suele haber problemas de adaptación, en un hipotético cambio de rumbo de los mercados. Pero hay otras ciudades que son monoespecíficas. Poseen, por ello, un alto grado de dependencia, y no han sido capaces de complementar con otras fórmulas el estigma de la especialización. Cuanto mayor es ésta, más sometidas se encuentran al caprichoso vaivén de la demanda.
Ya advirtió el sociólogo Manuel Castells, no hace tanto tiempo, que para entrar en la economía global, una ciudad debería constituirse como nodo urbano, conteniendo, al menos, los siguientes elementos imprescindibles: aeropuerto internacional, hoteles de lujo, gestión de servicios avanzados, telecomunicaciones por satélite, empresas financieras y consultoras, oficinas del gobierno regional y local para el control de las inversiones, y personal cualificado. A pesar de ello, advertía de que la emergencia de estos nodos, en cualquier caso, dependía no de planteamientos urbanísticos sino de complejos factores multinacionales sobre los que apenas podrían ejercer un control previo y mucho menos previsiones seguras. Las ciudades son hoy, más que lugares geográficos, ‘procesos’. Están estructuradas por flujos de información y consumo de servicios avanzados que las incluyen o excluyen del sistema mundial en red. Si comprendemos bien las raíces y el efecto de este fenómeno, que es nuevo, podríamos anticipar mejor qué podrá suceder en aquellas que no están bien situadas o se han quedado descolgadas, confundidas por su propia dependencia.