TOROS
Personajes de la Fiesta
Última actualización 05/12/2008@23:06:04 GMT+1
Luis Francisco Esplá dirá adiós al toreo después de casi cuarenta años de profesión. Mientras, deja abierta la puerta para cortarse la coleta en Salamanca y cerrar el libro de su vida torera. Atrás quedan 34 temporadas de matador, dos de novillero y otras tantas de becerrista. De aquel becerrista precoz que, junto a su hermano Juan Antonio, surgió con tanta fuerza que entre las gentes del toro comenzó a decir que “Paquito Esplá tiene dos hijos con aires de figura”.
Paco Cañamero
Paquito Esplá era su padre, una especie de Marcial Villasante, en versión alicantina, que primero había sido novillero, después empresario modesto y además tenía una placita para organizar festejos en los extrarradios que se llama Los Ángeles en la que sus hijos Luis Francisco y Juan Antonio empezaron a jugar al toro y, siendo todavía unos niños, de allí salieron con aires de toreros grandes en su irrupción.
En la vida del EsplÁ grande, de Luis Francisco, hay un extenso capítulo dedicado a los años que frecuentó esta tierra. Fue concretamente en su época de novillero y en la primera etapa de matador cuando pasaba largas temporadas en la finca Terrones, de los hermanos Carlines, José Manuel y Amalia Sánchez Rico, quienes lo querían como al hijo que nunca tuvieron.
Entonces, cuando en aquella finca se curtía para el toreo y tenía hasta un mozo de espadas salmantino, Vicente de la Calle, quien al lado de Esplá disfrutó de unos años importantes, de los que guarda un montón de anécdotas más allá de la interioridad de su vida torera. Como cuando el joven torero expolió un nido de águilas en Terrones y amaestró a los aguiluchos llevándolos como mascota, sobre todo para asustar a sus amigos cuando los sacaba para que empezaran a volar por los hall de los hoteles.
Por aquellos años era inseparable de su hermano Juan Francisco, del pequeño Tono, un torero más fino que Luis Francisco, pero de menos recorrido y con quien compartió numerosos carteles de los que se recuerda su toreo de capa al alimón (como años antes habían hecho César y Curro Girón).
Por entonces nunca faltaba a su cita de septiembre en Salamanca, casi siempre integrado en la corrida de los matadores banderilleros, en unos días en los que logró muchos aplausos. Pero además, otras plazas de la provincia, como Peñaranda, Guijuelo o Béjar también disfrutaron con este torero que hoy, ya veterano, anuncia su corte de coleta.
De Esplá queda también su afán por no olvidar el ayer. También de hablar con los viejos toreros para desempolvar suertes olvidadas. Por eso fue amigo y se preocupó de cultivar la amistad de Marcial Lalanda, de Domingo Ortega, del Estudiante, de Mario Cabré, de Manolo Escudero, de Nicanor Villalta..., quienes le inspiraron en muchas suertes de otros tiempos ya desaparecidas.
Con ellos fue feliz, como también con la intelectualidad, porque Esplá, que posee una vasta cultura, fue uno de los pocos toreros que era universitario, sobre todo en sus principios, algo que hoy es más habitual.
Cuando se vaya y se juzgue su paso por el toreo quedarán muchas conclusiones. Una, la primera, Esplá ha sido tan longevo por su listeza. Siempre sabía llegar en el momento oportuno a los lugares y cuando hablaba era con la palabra justa y medida que hurgaba en el corazón de quien lo escuchaba.
Esplá tampoco ha sido un artista de crujió y mano baja. Ni tampoco ha sido mejor torero que compañeros con quienes le tocó compartir carteles. No, lo suyo ha sido otra cosa y aparte de unas condiciones físicas espectaculares, de rescatar suertes antiguas, de conocer la historia mejor que nadie, su gran arma ha sido la personalidad de la que hacía gala. Ahí estuvo la virtud con la que se ha defendido tan bien durante tantos años y en la que él solo, sin ayuda de nadie, tuvo que abrir las puertas que otros le cerraban.
Ahora se va, pero queda el recuerdo de la personalidad de un torero que en Salamanca dejó impronta de numerosas vivencias en sus primeros años.