OPINIÓN
CON CIENCIA CRÍTICA / David López Senabre
Última actualización 20/11/2008@23:39:36 GMT+1
La historia de Salamanca Patrimonio de la Humanidad se ha convertido en un manual de malas prácticas; lo que no debe hacerse nunca: empezar la casa por el tejado, sin más. Salamanca no se diferencia del resto de ciudades españolas con tal honor. Salvo alguna excepción, todas tienen los mismos tics. En Salamanca se ha tardado casi 10 años en comprender –y a medias– que estas ciudades precisan de un modelo de gestión acorde con las Directrices del Patrimonio Mundial (de 1972, ahí es nada). Que esta designación coloca a la ciudad en un estrado de altísima responsabilidad internacional; que, situada en ese nivel, de poco sirve apelar a la autonomía municipal, porque se encuentra ya en otra dimensión.
Al Plan de Gestión de la ciudad histórica (que en realidad es un Plan Especial de gestión urbanística, aunque encubierto), cuyo Pliego de Condiciones parecía un decálogo redactado por Icomos, y que ha sido recientemente resuelto por la Junta, se presentaron varios equipos de profesionales. En uno de ellos –el único y de forma excepcional– firmamos y participamos (entre otros técnicos que abarcaban áreas multidisciplinares), tres miembros de Icomos España (un vicepresidente y un vocal de la Junta Directiva, y un miembro nato), porque entendimos que se requería un asesoramiento de aquellos que estamos encargados de velar para que se mantengan y preserven los criterios de la designación original, y porque la configuración de este equipo técnico respondía, así, a la letra y el espíritu del Pliego de Condiciones. ¿Cuál creen ustedes que fue el resultado?
Imagino que están pensando lo mismo: no se adjudicó a nuestro equipo. Lo cierto es que resulta imposible hacer algo de calidad contrastada con los criterios y fines de la Unesco, sin ese asesoramiento.