Hemeroteca :: 17/03/2008
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DEPORTES
Última actualización 17/03/2008@00:00:48 GMT+1
La propina es un ejercicio inexcusable de justicia, obligado incluso cuando el puñado de euros es intrascendente, para mostrar que detrás del frío tráfico mercantil está siempre la añadidura de lo humano. Propina, literalmente, significa ‘para beber’, y de ahí el acierto de pagarle una copa al camarero porque quizá no pueda gastarlo en mejor fin. Es el gozo del placer contra la mezquina lógica del ahorro. Ayer, ni una sonrisa de pase, ni una misérrima moneda de fútbol, ni una cortesía en forma de ¡huy! hay que agradecerles a quienes practicaron (que no jugaron) a un fútbol mecánico, trabajo de funcionariado para contar un punto más, sin margen para el deleite gratuito, que es el que más valor tiene.
Carlos Mateos

UDS y Córdoba creerán a estas horas que han cumplido por saltar al campo, presionar, sudar y demás ristra de vulgaridades. Como si alguno de los paganos pagara por eso. Como quien alquila su sexo mirando al techo. El primer tiro a puerta, lo primero digno de contar, llegó en el minuto 43. El segundo, en el 60. Antes, y después, bostezos y un frío intercambio de miradas entre público y jugadores. La indiferencia es el justo pago de quien aburre, y así le responde el respetable en la primera parte. Por eso del peculiar estado garantista del planeta fútbol, el mismo que prima al futbolista por ganar y no le penaliza por perder o aburrir, con su contrato de entrenador/jugador ayer no se les puede multar por esto. ¡Qué injusto!
El juego del Córdoba es de presión, vulgar también hasta la indolencia. Como un concurso de ‘gapos’ de colegio. Pagola resuelve el primer remate del Córdoba con solvencia. Un estirón a su siniestra tras cabezazo basta para resolver el primer empellón andaluz, espejismo de lo que luego sería un ‘partido táctico’, que es el eufemismo usado por los técnicos para denominar a lo que el vulgo llama un ‘tostón’ que ni el de Cándido. El primer tiro a puerta de la UDS, decíamos, llega en el ¡minuto 43! Martín desde la frontal da signos de vida inteligente en el ataque albinegro por primera vez, pero Julio Iglesias, todavía, no canta. Mano abajo, y al vestuario entre silencios.

El descanso atisba recuperación, al menos de una banda, la de Botelho, que se juega dos desbordes con desigual fortuna. Lo más parecido a una recompensa. Al menos, lo intenta. Eso sí, sus centros al área, mero fogueo sin repercusión. Poco después, un mal control de Arteaga en el área, y un cacareado golpe franco de Cristian Álvarez advierten lo inevitable. El mismo Álvarez aprovecha la insoportable levedad defensiva de Botelho, sumido en su particular teoría del caos táctica, para tomar la autopista que lleva al área y cruzar raso ante Pagola. El gol del Córdoba levanta las alarmas de la clasificación, que parecen las únicas que quiere oír un equipo en alarmante desidia futbolística.

Cuando los bostezos comienzan a tornarse en silbidos, maneras de combatir el aburrimiento igual de dignas, llega el latigazo de Martín desde la diestra. Minuto 75, tiro abajo y, esta vez sí, Julio Iglesias entonó el ‘Hey’,’ La vida sigue igual’, y todo su repertorio desde el añorado festival de Benidorm, cuando en España al ‘Chikiki’ este le habrían fusilado a tomatazos en lugar de mandarle a Eurovisión. La cantada supone el empate, empate a nada, cuando el Córdoba mejor estaba. La masa se mueve por impulsos, y empuja a quien se deja empujar. Sale Jorge Alonso (un crimen su ‘nevera’ de un mes). Se va Bustos y hasta Bruno parece justificar su fichaje sin él. Torres no. Martínez rectifica, y dicen que rectificar es de sabios. No lo sé, pero lo que sí es seguro es que es de equivocados. Acuña falla una volea pocos minutos después que pudo maquillar el pésimo partido con puntos. Ni los cinco minutos gafes del Córdoba sirven para nada. Noventa minutos de la basura y un punto.

En Estados Unidos, donde el dinero se usa mejor que en ninguna otra parte, el sueldo de los camareros depende en gran parte de las propinas, y es casi ley dejar en torno al veinte por ciento de la cuenta. No pagarla equivale a cinco años en Guantánamo. A cambio, recibimos la impagable compensación de tener una joven de buena raza anglosajona desviviéndose por atenderte con diligencia y una sonrisa. Reciprocidad. Si el ‘profesional del fútbol’, como las camareras del ‘Starbucks’ cobrara gran parte de su sueldo sólo cuando lo que ofrece agrada, nos ahorraríamos tostones como éste. O no habrá quien compre, ni la plaza, ni una puta entrada.
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Foro(s) asociado(s) a esta noticia:

  • Salamanca 1 - Córdoba 1. ¿Quién va a comprar esto?

    Últimos comentarios de los lectores (2)

    4341 | Mateo IV - 17/03/2008 @ 16:20:42 (GMT+1)
    Aún no siendo aficionado al fútbol, me he leído enterito el artículo de este periodista tan cachondo, y si lo recuerdo la próxima semana, volveré... jejeje, enhorabuena "crack"
    4308 | PAU - 17/03/2008 @ 13:50:11 (GMT+1)
    Como siga usted vendiendo de esa manera, le pasará como aquel del burro; al que le dijeron: ¡¡ hablando mal del aninal no lo vendará nunca!!

    Otra, lo que hay está a la vista, acaso cree que se puede hacer más!!
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