CULTURA
Profesores de la universidad, protagonistas en semana negra de Gijón
Última actualización 24/07/2007@00:00:00 GMT+1
Desde hace 20 años, cuando un grupo de escritores de género se reunió en torno a la liberal ciudad de Gijón, La Semana Negra ha crecido exponencialmente, tanto en visitantes como en importancia cultural. Lo que comenzó como una aventura de un puñado de resistentes de un género literario que en España sólo era para iniciados y gente con buen gusto, ahora se ha convertido en un macrofestival editorial y popular capaz de llegar a la increíble cifra del millón de visitantes de la edición de este año.
Luis Cadenas
Dirigido por el escritor mexicano Paco Ignacio Taibo II, La Semana Negra de Gijón ya es una mezcla de negocio comercial, exhibición, debate y exaltación de lo que muchos llaman ‘mitología posmoderna’, alimentada por el cómic, la ciencia–ficción y las tramas literarias basadas en los géneros novelescos, principalmente el de suspense o ‘serie negra’.
Este año se han vendido y regalado 59.937 libros, nueve días concentrados en torno a la literatura (y terrenos paralelos) en los que el recinto estuvo abierto todos los días desde las 17.00 horas.
Entre los asistentes estuvieron Álex Martín Escribá, compañero de fatigas en la Universidad de Salamanca de Javier Sánchez Zapater, los cuales son el motor del pequeño rinconcito que tiene el género negro en Salamanca, el Congreso de Novela y Cine Negro celebrado anualmente y que este año (en su tercera edición) estuvo centrada en la figura del asesino en serie. Ambos fueron a presentar un ensayo recopilatorio de la edición de 2006, ‘Informe Confidencial’, que se convierte en uno de los pocos títulos publicados sobre el tema en España.
Afluencia masiva
Escribá, como ponente, aseguró que «este año sí que ha ido mucha más gente, ha habido un nivel de participación mucho más alto. En el plantel del programa cada vez hay más novela negra Latinoamérica que española, porque han venido muchos escritores de allá».
«Nosotros estuvimos para la presentación del libro, y hablamos de la importancia del género en la universidad, de llenar ese vacío con la producción de novela negra y narrativa, que faltaba un poco de reflexión», añadió Escribá, quien opina que «como siempre la Semana Negra siempre es más una cuestión de mucho contacto editorial y con escritores. Les viene muy bien para hacer agenda y sacar nuevas ediciones, es más un mercado editorial que no un estudio del género». Por supuesto esto no es negativo, ya que sirve como punto de encuentro para el género.
«Hay una cosa muy representativa», señaló Escribá, «cuando llegas a la Semana Negra, hasta que no encuentras un libro te pasas como tres kilómetros andando. Aquello es una feria de comida, de bebida, piensa que a excepción de las dos carpas oficiales hay hasta un parque de atracciones enganchado, se junta Gijón entero y tiene una parte festiva. Luego estamos los del género. Pero yo creo que todos los festivales son necesarios: aportan eso, mucha gente y una gran convocatoria, con doscientos escritores. Es un punto de encuentro entre editoriales, prensa, libreros, universitarios, escritores, con presentaciones de 30 minutos, y se da mucha importancia la cómic y a la ciencia-ficción, y toca mucho popular».
En declaraciones públicas, Taibo II señaló que el 20º aniversario de la gran cita había tenido una motivación especial, reunir a escritores participantes en ediciones anteriores a modo de resumen de todo un ciclo. Lograron juntar este año a tres autores de renombre: Peter Berling, Gisbert Haefs y Valerio Manfredi. «Los tres habían estado en Gijón, pero nunca juntos», puntualizó.
Por otro lado, el poeta asturiano Ángel González, que reunió el solo a 600 personas en la Carpa de Encuentros, oficial del festival, afirmó que «hemos consolidado un modelo de fiesta de culto popular a contracorriente de lo que estaba en este país, donde todo se estaba banalizando».
Precisamente, esa dimensión popular, festiva y crítica (a través de un género especializado en hacer cirugía social mediante el crimen) es lo que quieren conservar para la nueva etapa que e abre.
Porque lo cierto es que los problemas judiciales, cierta masificación y las obras en la zona de la ciudad donde se ha desarrollado en los últimos años (El Molinón y aledaños) van a imponer un cambio de aires, aunque eso sí, siempre en Gijón, hogar natural durante tantos años de este evento.