TIERRA Y CAMPO
Última actualización 13/06/2006@00:00:00 GMT+1
Con la palabra alternativa se denomina a los cultivos energéticos destinados a conseguir una energía nueva, más ecológica, y que acabe sustituyendo las fuentes agotables como los cereales y otros donde se encuadran la cebada, el trigo, el girasol y la colza, abarcando las materias para obtener los combustibles ecológicos.
Jorge Holguera
Cultivos energéticos, pero no ecológicos, materia prima de fábricas ya en marcha y otras en proyecto para revolucionar y hacer cambiar el mercado de los cereales. Plantas de bioetanol que tienen como objetivo obtener el sustitutivo de los carburantes. Será a partir de productos como el trigo o la cebada y mediante una serie de procesos químicos. Ya se está obteniendo en Cartagena, La Coruña y la planta de bioetanol de Babilafuente un alcohol casi puro destinado a su mezcla con las gasolinas.
De otros cultivos como maíz, remolacha, patatas... también pueden obtenerse alcoholes y a corto plazo Salamanca será pionera en la extracción de bioetanol a partir de residuos como paja del cereal o maíz, algo que puede llevarse al campo de los residuos silvícolas bajo el calificativo de biomasa.
Por otro lado, el biodiésel será el sustitutivo del gasóleo. Es defendido por sus fabricantes y partidarios basándose en que la proporción de mezcla con el combustible mineral es mayor, es más, es el consumido por los tractores en la agricultura.
Materia prima para energía
Semillas de colza y pipas de girasol son la materia prima que en fábricas como la que Acor construye en Olmedo (Valladolid), se utilizarán para la obtención de energía. En el cultivo de la colza ya hay campos experimentales. El MAPA prevé aumentar en 500.000 hectáreas la superficie destinada a colza para obtener biodiésel, de forma que pasará de las 490.000 hectáreas actuales a casi el millón. En Castilla y León apenas se siembran 226 hectáreas, destacando Burgos con 200. En Salamanca, la cifra es mínima.
Un ejemplo es José María Sánchez, agricultor de Cantalapiedra, tiene una explotación cerealista donde el cultivo principal es la remolacha. Éste es el segundo año que cultiva colza en una superficie de dos hectáreas de regadío. El primer año de esta prueba los resultados no fueron favorables, indica, «por la inexperiencia», no obstante se nota un aumento considerable en el cultivo posterior de cereales, debido a la incidencia de las raíces pivotantes de este cultivo.
En este segundo año de pruebas con Acor, en los ensayos llevados por esta cooperativa para la puesta en marcha de la planta de producción de biodiésel en Olmedo, ha notado una mejoría considerable con una buena perspectiva de resultados y afirma que tras diez años contratando cereal para destino energético, se ha desvinculado porque considera «ridículas» las condiciones y el precio. La colza no se puede perfilar como alternativa a la remolacha, pero sí al cultivo de cereales, «para hacer una rotación más equilibrada».
Por otro lado, la cooperativa San Miguel Arcángel, de Tarazona de la Guareña, trabaja fincas donde cultivan remolacha, girasol y cereales y este año, a modo de prueba con la cooperativa Acor, ha comenzado con la colza, aunque es temprano para hacer un balance, apunta su presidente Ángel García Monsalvo. En cuanto al girasol, esta campaña han sembrado 37 hectáreas con el contrato de energéticos, que se suman a otras 300 de girasol tradicional, ya bien sea del convencional o del denominado alto oleico. El motivo principal, argumenta, es el coger un cupo, pues este año para Ángel, esto es «el timo de la estampita».
Contrato
Y es que un requisito para poderse beneficiar de la ayuda PAC, destinada al cultivo energético, es la presentación del contrato firmado con una empresa transformadora o un intermediario, con una serie de cláusulas a cumplir. Compromete al cultivador a entregar la producción estimada por el coeficiente marcado por la Junta, según zona, salvo condiciones meteorológicas desfavorables. Algo que se complica en zonas con altos coeficientes, donde la ayuda se traducirá en menos euros. Los precios en la presente campaña son de 0,18 céntimos de euro para el girasol, 0,10 para la cebada y 0,11 para el trigo a los que hay que sumar los 45 euros por hectárea de ayuda directa. Los contratos que se están realizando ‘arañan’ al máximo las condiciones, poniendo el pago a 180 días, algo que en la mayoría de los casos echa para atrás sobre todo al cultivador profesional, que tiene que hacerse cargo de los gastos ocasionados por el cultivo.